El necio, el roble y el bambú

El necio, el roble y el bambú

Por Social Media

¿Cuál es la relación entre estos en la vida del hombre?

¿Conoces a un hombre necio? Es conocido por todos por sus características: continuamente trata mal a los que están a su alrededor, es cerrado con respecto a sus propias ideas, es decir, tiene dificultades tanto para escuchar como para aceptar las opiniones diferentes de las de él e insiste en hacer todo de la misma vieja forma. No estamos subestimando la capacidad masculina de resolver problemas, pero adoptar un cambio de postura puede ser lo más adecuado para enfrentar las adversidades.

Para ejemplificar lo que estamos diciendo, vamos a usar el ejemplo de un antiguo cuento oriental. En un viejo bosque existían varios tipos de árboles. De entre todos, el roble era el más frondoso, grande y firme. Por eso, destacaba y tenía el liderazgo en el lugar. En los rincones, vivían los bambúes: finos, frágiles y agitados. Cada uno sabía su lugar y parecía que la vida jamás cambiaría, pero el clima de la región empezó a alterarse: no llovía de la misma manera, el sol ya no salía y surgieron nuevos vientos.

Un día, vino un huracán. Mientras el gran roble se rompió intentando oponerse a la fuerza de la tormenta, los bambúes unidos se inclinaron ante la acción del viento. Solo ellos fueron los que quedaron, aún medio doblados. Con el paso del tiempo, allí estaban los bambúes nuevamente, muy altos y el lugar empezó a ser un maravilloso bosque de bambúes. Ya fue posible entender —con la lectura de esta historia— que nadie hace nada solo y que, a veces, es necesario doblarse para sobrevivir.

Este consejo también es válido para el hombre necio. Él no lo nota, pero necesita cambiar su postura y dejar de ser inflexible para no romperse. La primera medida es dejar de ser cabeza dura y admitir que falla como los demás. Escuchar a los demás es el siguiente paso y es importante aprender a evaluar qué es mejor delante de las adversidades. Además de eso, tratar bien a las personas que están a su alrededor y reconocer que necesita la ayuda de ellas tanto en las tareas más simples hasta en las más complejas pueden parecer pasos pequeños, pero son grandes acciones para la madurez y el crecimiento personal.

El hombre también debe tener la humildad para reconocerse ante fuerzas más poderosas que las suyas. De esa forma, así como los bambúes se doblaron delante del viento, él debe inclinarse ante Dios para comprender cuánto está a su favor. A veces, Dios permite que enfrentemos un problema, aparentemente sin solución, solo para mostrarnos cuánto aún no Lo comprendemos y necesitamos Su fuerza.

La verdad es que, revestido del Espíritu Santo, el hombre inteligente se inspira y adquiere las condiciones para cambiar las características negativas de su personalidad. Entonces, conversa con Dios y con las personas a tu alrededor, reconsidera tus actitudes y ve qué es posible hacer. Si quieres, puedes cambiar. ¿O prefieres ser como el roble, que quiere oponerse a todo y termina rompiéndose al final de la historia? La elección es tuya.

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