El milagro de la multiplicación

El milagro de la multiplicación

Por Social Media

«Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y se compren algo de comer. Pero respondiendo Él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y compremos doscientos denarios de pan y les demos de comer? Y Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y ved. Y cuando se cercioraron le dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran; también repartió los dos peces entre todos. Todos comieron y se saciaron.» (Marcos 6:·6-42).

Obedecer es creer

Este pasaje bíblico trae consigo muchas lecciones. Una de ellas fue publicada en el blog del obispo Edir Macedo. La publicación dice que el Señor Jesús bendijo los panes y los peces, pero Él no los multiplicó. Aunque Él tuviera, y continúe teniendo, ese poder para realizar la multiplicación, fue la fe de los discípulos en obedecer Su orden la que hizo que el milagro sucediera.

Los discípulos creyeron en la bendición y obedecieron la orden de distribuir los alimentos para las demás personas. De esa forma, la multiplicación sucedió en las manos de los discípulos a medida que los distribuían. Con esa actitud, Jesús nos enseña que obedecer es creer. Quien obedece se vuelve la propia bendición, multiplica lo que necesita y hace la diferencia entre las personas.

Amor y cuidado

El maestro sanaba a los enfermos, le enseñaba al pueblo, cuidaba sus necesidades básicas porque cada persona para él siempre tenía, y tiene, su valor.

De esa forma, en este milagro, Jesús también dejó una enseñanza sobre el amor y cuidado con el prójimo. En aquella ocasión, Él pensó en suplir el hambre de aquel pueblo, mostrando su preocupación por todos los que Lo seguían y Lo buscaban.

Poder ilimitado

En este pasaje bíblico, Jesús también dejó claro que Su poder es ilimitado. Él no era un hombre cualquiera, sino el Hijo de Dios, con todo el poder de lo Alto. Entonces, nada era imposible de realizar por Él y hoy tampoco hay nada que Él no pueda hacer en la vida de los que Lo sirven.

Único pan

La cuarta y última lección es que, después de haber alimentado físicamente a aquella multitud, Jesús afirmó que Él es el Pan de la vida. Esto significa que Él es imprescindible para todos los que desean tener vida eterna y comunión con Dios. Él dijo que solamente quien se alimenta de Él, por la fe sería salvo: «Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed.» (Juan 6:35).

Jesús se comparó con el pan, ya que este alimento, independientemente de la cultura, siempre está presente en nuestro día a día. Lo que él quiso decir es lo siguiente: «soy fundamental para todos los que quieren vida». A final de cuentas, el pan representa el alimento que nos fortalece, para que subsistamos, vivamos y nos energicemos.

Sucede que muchos han buscado el pan para sus realizaciones, para suplir sus placeres, pero terminan muriendo espiritualmente en el desierto, sin tener alegría y paz. Y, lo más triste, sin tener certeza de la salvación.

El Pan vivo que descendió del cielo es para que tengamos una vida «viva» no solo en la eternidad, sino en nuestro día a día, para que podamos disfrutar todo, con gozo y realización completos.

Por lo tanto, busca el verdadero Pan de la vida. Comprende que todo lo que Jesús hizo y dejó en Sus Escrituras nos sirve de lección diariamente como secreto del éxito en todas las áreas.

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