Durante el Santo Culto del domingo 18 de enero, el obispo Franklin Sanches explicó que el perdón es algo extraordinario que viene de Dios. Él tiene misericordia de nosotros y, muchas veces, utiliza personas y situaciones para acercarnos a Su casa, con el objetivo de restaurar nuestra vida mediante la fe.
Con respecto al perdón, el Señor Jesús nos enseñó algo fundamental en la oración del Padre Nuestro: «Y perdónanos nuestras deudas (ofensas), como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores» (Mateo 6:12). Así como Dios nos perdona y nos limpia, espera que hagamos lo mismo con los demás.
En el libro de Lucas encontramos la historia del hijo pródigo, que revela el valor del perdón: Un padre tenía dos hijos, y el menor pidió su herencia, se fue a un país lejano y malgastó todo viviendo perdidamente (lee Lucas 15:11-12).
Los hijos representan a dos tipos de personas que van a la iglesia
El hijo menor simboliza a quien no quiere vivir bajo autoridad. La Biblia explica que este muchacho se fue y derrochó todos los bienes. «Es lo que sucede cuando la persona llega a la iglesia con la vida hecha pedazos. Conforme acude a las reuniones, aprende de la fe y se va relacionando con el Padre, empieza a obtener bendiciones: es sanada, liberada, ya no tiene depresión, no pasa carencias y las cosas marchan bien», comentó.
Sin embargo, con el tiempo, puede pensar que ya no necesita a Dios y se aleja, llevándose lo que el Padre le dio: salud, familia y prosperidad. Por un tiempo parece disfrutar libertad, pero el diablo es astuto, —sabe que, si la persona se aleja de Dios e inmediatamente sufre, puede regresar con Él— entonces, satanás permite que la persona disfrute, y con el paso del tiempo toma posesión de su vida, porque lejos de la casa del Padre queda vulnerable.
El relato muestra que el hijo menor llegó a tal miseria que deseaba comer la comida de los cerdos. Entonces reaccionó y decidió volver a su padre, reconociendo su pecado. Cuando aún estaba lejos, el padre lo vio, tuvo compasión y lo recibió con amor, sin condenarlo, restituyéndole la dignidad y celebrando su regreso (lee Lucas 15:17-24).
Dios es ese Padre que espera al hijo y siente compasión por él. Incluso, lo primero que hace no es condenarlo, sino quitarle la ropa sucia, que es el pecado.
A veces, algunos tienen dificultad para volver a la iglesia porque piensan: «ahí me van a condenar y juzgar», pero están completamente equivocados, porque Dios no es así y nosotros tampoco. «Tal vez usted está hoy volviendo, entonces, comprenda que a Dios no le importa lo que hizo, ni a nosotros, lo importante es que está aquí.
Pero ¿conoces el otro lado de la historia?
La historia también presenta al hijo mayor, que estaba en el campo. No obstante, se indignó al ver la fiesta por el regreso de su hermano. Aunque siempre estuvo en la casa del padre, vio la actitud de su padre como una injusticia; su padre le recordó que todo lo que tenía era suyo, pero le enseñó que era necesario alegrarse, porque su hermano estaba perdido y había sido hallado (lee Lucas 15:25-32).
Esa es la situación de muchos… Están en la casa del Padre (la iglesia), pero tienen rencor y amargura. Tal vez porque sufrieron alguna pérdida o su oración aún no fue respondida, y sienten envidia de los que dan su testimonio. Asimismo, hay quienes guardan resentimiento contra el propio Dios, e inclusive contra el pastor.
Sin embargo, «Dios está hablando con usted. Él le dice: “perdona a quien te hirió”. Por eso, no culpe a Dios por las cosas malas que le sucedieron estando en la iglesia. Imagínese, yo perdí a mi papá y después a mi mamá aun siendo obispo. Y no dije: “caramba, ya no voy a hablar de Ti, Dios, porque dejaste que mis padres murieran”». La realidad es que a todos nos va a llegar la hora, no importa si la persona es adulta, joven o sea un niño. Dios no tiene la culpa.
¡Una actitud puede cambiar la situación!
«Obsérvese, quizá tiene enojo en su interior, para usted todo es fastidioso, […] no siente alegría de que otros estén progresando». De acuerdo con el obispo Franklin, eso es causado por heridas que uno lleva en su interior.
El hijo menor cometió un error y su padre tuvo misericordia, en cambio, su hermano mayor se creyó mejor que él. «Hay quienes conocen personas que un día estuvieron en la iglesia y se apartaron, entonces, ¿cuál debe ser su comportamiento con esas personas? Como hermano, tiene que orar y luchar para traerlas de regreso a la casa del Padre, un cristiano verdadero tiene ese sentimiento de misericordia».
Al final del encuentro, el obispo realizó una oración por todas las personas que, pese a estar en la casa del Padre, guardaban algún sentimiento dañino dentro de su corazón.
