Intentaron cancelarlo. Le apuntaron el dedo. Lo calumniaron.
Distorsionaron Sus palabras, todo para destruirlo.
No lo lograron. No lo logran. No lo van a lograr.
Él es de lo alto.
Y todo lo que ocurrió con Él fue permitido.
Por razones que nadie aquí puede entender.
«Di Mis espaldas a los que Me herían, y Mis mejillas a los que Me arrancaban la barba; no escondí Mi rostro de injurias y esputos» (Isaías 50:6).
Si así fue con el Señor, será así con Sus siervos. No nos vamos a esconder. Pondremos el rostro para que lo golpeen.
La verdad vale más que todo. Por Él, por la eternidad.
«Cercano está el que me justifica…» (Isaías 50:8).