El dolor del alma

El dolor del alma

Por Departamento Web 2

«¿Sirve de algo tener un cuerpo sano, sin dolores ni enfermedades, si su alma está perdida?», preguntó el obispo Franklin Sanches al inicio del Santo Culto del pasado domingo 7 de noviembre.

La muerte no manda un aviso del momento en el que llegará. De esta forma, el destino del alma es por lo que uno realmente necesita preocuparse. «Una persona dedica horas de su día para todo: levantarse, comer, trabajar, acostarse. Pero nadie coloca en su agenda: hoy me voy a morir», explicó.

De acuerdo con el obispo, el problema no es morir sino a dónde irá el alma. Pues no hay nada más importante, nada que tenga más valor que ella. Incluso, es tan valiosa y preciosa que Dios envió a Jesús para morir en la cruz, para que su alma no se pierda.

Asimismo, cuando usted siente dolor, no es su cuerpo lo que le duele, sino el alma. «Es ella la que nos hace sufrir cuando siente el dolor de una traición, pérdida, tristeza, angustia, depresión, desesperación, pánico o ganas de morir. Porque si el alma sale del cuerpo, este ya no siente nada. El alma siente todo eso», agregó.

Pero ¿qué pasa cuando un alma sale del cuerpo, pero está separada de Dios? El obispo Franklin explicó que «si estando en ese cuerpo sin Cristo ella siente todo el dolor, imagine cuando ella salga de ese cuerpo y sepa que está condenada para siempre».

El diablo sabe cuán preciosa es un alma. Y una de las ideas que ha creado es que la vida es solo aquí en la Tierra. Por eso incita a que las personas vivan «al máximo». «El diablo hace que la persona piense: “ya se acabó, ya no hay nada”, para que ella no se preocupe por su alma y simplemente se ocupe en satisfacer sus deseos», comentó el obispo. «Pero mientras usted no tenga un encuentro con Jesús su alma será infeliz. No hay paz para el alma que está separada de Él».

«Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).

Justificado quiere decir libre de culpa. Por mencionar un ejemplo, cuando una persona está en un juicio y el juez obtiene evidencia de que no es culpable, decreta su libertad, entonces ella ha sido justificada. Por consiguiente, tiene paz.

Eso fue lo que Jesús hizo por nosotros. «En la cruz Él estaba, exactamente, pagando por nuestra libertad. Para que nosotros fuéramos considerados inocentes, libres del pecado ante Dios», explicó el obispo.

Para ser justificado, es necesario entregarse de verdad al Señor Jesús. Pero eso no significa solo frecuentar la iglesia, leer la Biblia u obtener una bendición. La alegría de las bendiciones solo es momentánea, tarde o temprano podrían surgir otros problemas que le quiten esa felicidad.

«No obstante, la paz solo llegará a su alma cuando tome una decisión: entregarse sincera y totalmente al Señor Jesús», finalizó.

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