El día tan temido

El día tan temido

Por Social Media

Cristiane cuenta una más de sus experiencias en Nueva York

El día tan temido había llegado, ya no se podía esperar más, teníamos que entrar a la escuela en Nueva York. Mi madre nos llevó el primer día, pero teníamos que aprender a regresar en autobús a casa. Mi corazón acelerado estaba esperando en la oficina de la directora, mientras ella iba a buscar a otra estudiante del mismo grado que sería mi acompañante y, supuestamente, me iba a ayudar en la traducción.

Recuerdo bien el susto que tuve cuando la vi por primera vez. Ella era punk, vestida de negro, con pantimedias de encaje y rasgadas, labial negro, llena de collares, anillos, pulseras, tacones altos, minifalda, cabello punk alto, lleno de espray (¡es claro, porque la gravedad no dejaría que estuviera de aquella forma!). Sin ninguna exageración, la niña parecía haber salido de un videoclip de baile de Madonna. Mi mentón debe haberse caído, no sé. Ella habló conmigo y no entendí nada, incluso porque ella hablaba español y hasta ahora tengo bastantes dificultades con la lengua (¿un trauma de ese entonces?). Nunca me sentí tan perdida en mi vida y voy a ser sincera con ustedes, tuve ganas de llorar.

Me pusieron en todas sus clases, clases para alumnos que no querían nada con nada, que se la pasaban jugando y riendo durante la clase, es decir, los más desordenados de la escuela. En el recreo me puse en la fila para comprar la comida y me patearon levemente en la «parte trasera». Miré atrás para ver quién había hecho eso y ¡por qué! Eran tres muchachos con cara de risa mirándome, para ver lo que haría al respecto y yo allí, sin saber decir una palabra, me aguanté la ira (y el llanto) y fruncí el ceño. Regresé a la fila y nunca más me distraje allí.

Fui a sentarme con mi compañera punk y sus amigas, que también eran punks, pero pude ver que allí no era bienvenida. Ellas fumaban y conversaban mucho, y como no entendía nada, creo que fingieron que no me veían sentada allí, al final de su mesa. Poco sabían que realmente esperaba que pasara el tiempo y llegara pronto el momento de regresar a casa. Cuando Vivi y yo nos vimos al final del día, nos abrazamos como si estuviéramos lejos una de la otra durante años. Fue la peor escuela a la que Vivi y yo habíamos ido.

La historia continúa…

Por Cristiane Cardoso

  • 50
    Madure

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