El día en que el infierno tembló

Por Social Media

Lo hizo por ti, para reivindicarte

Cuando Dios creó a Adán y Eva, les había dado autoridad sobre todas las cosas para ser felices y progresar. Sin embargo, echaron a perder todo al hacerle más caso al diablo que a Dios y le entregaron al primero esa autoridad a través de su desobediencia. Así, el mal se posesionó del mundo. Desde entonces Dios se dio a la tarea de buscar la forma de reconciliarse con los humanos.

Les ha ofrecido cuidarlos y darles una eternidad plena y feliz a cambio de su amor y sumisión. Jesucristo vino a sellar con sangre esa propuesta. Cada gota derramada reiteró más ese pacto. Satanás pensó que lo había vencido: si bien el pacto estaba hecho, quien podía hacerlo efectivo acababa de morir. Cuando Jesús resucitó, todo el infierno fue sacudido violentamente: ahora solo dependería del ser humano.

Jesús no dio su vida por ti para tener tu compasión. Él lo hizo para pagar el precio de tu alma, pero ahora está vivo. Su propuesta sigue en pie: créele, obedécelo, búscalo a la manera de Él y no a la tuya. ¿Qué te dará a cambio? La verdadera felicidad y paz que solo se esconden en Él.

¿Aceptarás este pacto o seguirás entregando el control de tu vida al mal a través de tu desobediencia a Dios? No te engañes, lo único que el diablo quiere es “robar, matar y destruir” (lee más en Juan 10:10). Si no en esta vida, sí en la eternidad y de ella no hay escape.

Haz que valga la pena el sacrificio de Jesús y deja ya de sufrir.

Participa en el Domingo de Resurrección a las 10 a. m. y di sí a este pacto. Él no dejará que tu vida siga siendo la misma.

 

“¡Él me resucitó para tener una nueva vida!”

Victoria Martínez

Mendigar amor me hizo odiar a los hombres. Por el vacío que sentía, empecé a consumir alcohol y drogas, especialmente opio. Pero eso no fue lo peor. A los 18 años fui abusada sexualmente. No vivía con mis papás, me sentía acorralada por las amenazas que recibí. Mi vacío creció y eso me llevó a involucrarme con un hombre y otro.

Básicamente, me la pasaba en el doctor porque tenía insomnio y úlceras en el estómago que me producían sangrados. Ya no podía con mi vida… Varias veces intenté matarme con alcohol y sobredosis de droga, así como cortándome las venas y faltó poco para lanzarme del piso 14 donde yo vivía.

Paz era todo lo que quería, por eso empecé a venir a las reuniones del Centro de Ayuda. Meses después, hice votos con Dios pidiéndole que quitara de mí la tristeza que por años había cargado.

Desde entonces, no hay propósito de fe en el que no participe, pues Él cumple mis peticiones. Ahora, estoy sana, feliz con un esposo maravilloso y con un negocio familiar.

Entregarle mi vida a Dios me ha permitido cumplir mis metas. ¡Él me resucitó para tener una nueva vida!”.

 

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