El combustible indispensable

El combustible indispensable

Por Departamento Web 2

«Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Y cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes. Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, pero las prudentes tomaron aceite en frascos junto con sus lámparas» (Mateo 25:1-4).

Jesús comparó el reino de los cielos con 10 vírgenes: 5 insensatas y 5 prudentes. «La insensatez es una falta de juicio, cuando una persona no entiende qué es lo primordial. Y estas vírgenes representan a aquellos que están dentro de las iglesias, que tienen fe en Jesús, pero por ser insensatas no entienden la necesidad de tener el aceite, y el aceite es la presencia del Espíritu Santo», explicó el obispo Franklin Sanches el pasado domingo 24 de abril.

Estas personas escuchan la Palabra y oran, pero por la insensatez, dejan de lado al Espíritu de Dios. No comprenden que recibirlo es la mayor bendición para sus vidas, ni entienden que no se trata de algo opcional: es una necesidad.

«El aceite en aquella época era combustible, las lámparas se prendían con aceite, pues no había energía eléctrica. El aceite las mantenía encendidas. Y aquellos que no tenían el aceite tenían sus lámparas apagadas», explicó.

Y así como las lámparas sin aceite están apagadas, también lo están las personas que no Lo poseen: no avanzan, no crecen y no cambian. Al no tener la dirección divina, continúan tropezando, desanimadas, tristes, y esto puede ocurrir durante años.

La mayor de las necesidades

Es una realidad que, día con día, las personas tienen muchas necesidades y preocupaciones, no obstante, estas no se pueden vencer «si usted no tiene primero al Espíritu de Dios en su vida. Sin Él, es posible hasta lograr una bendición, pero incluso recibiéndola, continuará siendo una persona vacía e infeliz». Pues los logros, por mayores que sean, nunca serán suficientes para llenar su alma. No obstante, aunque muchos han escuchado de Jesús y tienen fe, lo dejan en segundo lugar, priorizando otras áreas de su vida.

Sin embargo, cuando Dios da Su Espíritu, da un anticipo. «Cuando usted quiere adquirir alguna cosa, le piden un anticipo, para garantizar que pagará y tomará posesión de aquello», explicó. Así, cuando Dios coloca Su Espíritu en alguien le está dando el anticipo de la vida eterna, volviéndose el propio reino de los cielos.

Él quiere morar dentro de cada uno. ¿Y qué hacer para tenerlo? Es necesario abandonar ese pecado, dejar esa vida equivocada y buscar más a Dios. Él no ve sus errores, sino su arrepentimiento y sinceridad. «Cuando queremos algo, no descansamos hasta tenerlo, ¿no es verdad? Así es con el Espíritu Santo».

«Al tardarse el novio, a todas les dio sueño y se durmieron. Pero a medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: «Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes respondieron, diciendo: No, no sea que no haya suficiente para nosotras y para vosotras; id más bien a los que venden y comprad para vosotras» (Mateo 25:4-9).

Cuando las vírgenes insensatas más lo necesitaron, no había aceite en sus lámparas. Así pasa con situaciones a las que nos vamos a enfrentar, si uno no tiene el aceite, no soportará la adversidad, se dará por vencido en la fe. Los momentos difíciles vendrán para todos, pero si tenemos el aceite, venceremos.

Es importante nunca dar por hecho que uno ya está lleno del Espíritu Santo. La consciencia de que necesitamos estar con la lámpara encendida es lo que le dará la fortaleza en un mundo de tinieblas.

Así como las vírgenes sensatas les sugirieron a las otras que compraran aceite, uno tiene que pagar el precio de obtenerlo: sacrificio.

«Y mientras ellas iban a comprar, vino el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. Pero respondiendo él, dijo: En verdad os digo que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mateo 25: 10-12).

Puede que el Novio venga para muchos hoy. Y usted, ¿ya llenó su lámpara de aceite?

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