El brillo de la mentira

El brillo de la mentira

Por Departamento Web

El ser humano tiene la costumbre de escandalizarse cuando alguien comete un desliz. Ese comportamiento es comprensible, pues nos gusta estar del lado de la verdad y la justicia. No obstante, dedicarnos a hacer juicios puede llevarnos a otro problema: de tanto señalar las fallas ajenas, corremos el riesgo de quedarnos ciegos frente a nuestros propios errores. Por lo tanto, es un desafío diario mantener nuestra rectitud sin dejar ninguna mácula escondida debajo de la alfombra de la vida.

En las últimas semanas, el caso de la doctora y profesora Joana D’Arc Félix de Sousa resaltó en las noticias brasileñas después de que un reportaje del periódico brasileño El Estado de S. Paulo reveló que ella había mentido sobre un supuesto título de la renombrada Universidad de Harvard. Según el texto, la profesora no hizo el postdoctorado en la institución norteamericana, contradiciendo lo que acostumbraba a afirmar en las conferencias.

Después de pedirle el título a la profesora, el reportaje constató que el documento que ella envió era falso. A pesar de la mentira, Joana, de hecho, hizo el doctorado en la Unicamp, una de las universidades brasileñas más renombradas. En Brasil y en el mundo, el doctorado es el grado académico más alto que alguien puede alcanzar —es decir, ella tiene ese título. También es licenciada en química tecnológica e hizo la maestría en la misma institución.

A pesar de la verdadera trayectoria de Joana, muchas personas no dudaron en criticarla y usaron la internet para humillar e insultar a la profesionista. En redes sociales, como Instagram y Facebook, es fácil encontrar a las personas burlándose de ella. Pocos detractores saben que desarrolla investigaciones importantes en la reutilización de residuos del sector de cuero y calzado para la producción de productos en el área de la salud, química, agropecuaria, energías renovables y construcción civil.

Es un hecho que mentir es algo negativo. Ella no necesitaba agregar algo falso a su currículum, que tiene peso e importancia asombrosa, pues no fueron pocos sus esfuerzos y su dedicación académica. No carecía de ese brillo de la mentira.

De la misma manera, la mentira no debe ser tolerada. Si hubo mentira por parte de la investigadora, ella debe hacerse cargo de las consecuencias legales, en caso de que haya.

Pero ¿acaso todos los que corrieron para criticar a la investigadora en internet tienen un currículum impecable? Es probable que no. Una investigación realizada por DNA Outplacement muestra que el 75% de los currículums enviados a los departamentos de recursos humanos de las empresas en 2018, en Brasil, tenían información distorsionada. La encuesta se hizo durante seis meses, tomando como base 6 mil currículums, con 500 empresas de Brasil, Chile, Perú y Colombia.

Entre las mentiras contadas por los profesionistas en sus currículums están: aumentar el salario actual o el último ingreso recibido y el nivel de dominio de inglés. Las mentiras son creadas tanto por personas que están iniciando la carrera como profesionistas con más experiencia.

Esa evidencia muestra que los cristianos necesitan mantenerse atentos a las Palabras de Jesús. A este respecto, cabe recordar la enseñanza que está en Juan 8:7: “Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Mentir va en contra de los preceptos cristianos, así como difamar y calumniar, y, por eso, el siguiente consejo vale la pena: no deje que la emoción le impida actuar con conciencia y fe inteligente.

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