El bien necesita ser aprendido

Bible Study on a White Wood Table

El libro de Isaías representa un intento más de Dios de acercarse a nosotros. En el capítulo 1, versículo 11, el Señor expresa Su decepción por la forma en que Su pueblo Lo ha tratado y dice: «¿De qué me sirven sus muchos sacrificios?».

Dios se abre sobre lo que ha estado viviendo con la humanidad y declara: «Estoy cansado de soportarla». A continuación, Él nos orienta a corregirnos: «Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras obras de delante de mis ojos; cesad de hacer el mal» (Isaías 1:16).

Es necesario lavarnos de aquellos pensamientos que son contrarios a Su Palabra, como: «si Dios existiera…», «¿Dónde está Dios que no me ve?», «¡El amor no existe!» y «¡Primero soy yo!». Estos y otros argumentos populares se oponen a todo lo que Dios nos enseña.

Purificarnos significa sustituir esos pensamientos anti-Dios por Su Palabra. Esto no significa escuchar música góspel o apegarse a la religiosidad, sino llenarse de la Palabra de Dios, pues solo ella puede purificarnos de adentro hacia afuera.

Necesitamos abandonar la maldad de nuestros actos y de nuestras intenciones, los malos ojos, la iniquidad del corazón, la envidia, el odio, el rencor… Todo lo que guardamos en el corazón está delante de Él, porque Dios no ve solo lo exterior, sino, sobre todo, lo interior. También es necesario dejar de hacer el mal, es decir, dejar de fallar contra los demás, contra nosotros mismos y contra Dios. «Aprended a hacer el bien, buscad la justicia» (Isaías 1:17).

El bien necesita ser aprendido. Muchas veces, a nuestros ojos, creemos estar haciendo el bien, pero eso no siempre es lo que Dios considera bueno y justo. También somos llamados a buscar lo que es justo, pues, de forma natural, prestamos más atención a lo que es injusto. Basta que alguien cometa un error para que todas sus buenas acciones pierdan valor ante nuestros ojos, pero imagina si Dios nos viera de la misma manera.

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