El Agua que sacia su sed

El Agua que sacia su sed

Por Departamento Web 2

El mayor problema del ser humano no es económico, matrimonial ni de salud. De acuerdo con lo que enseñó el obispo Franklin Sanches el pasado 12 de diciembre, David sabía perfectamente cuál era:

«Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí; de cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias, con la muchedumbre en fiesta. ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia.» (Salmos 42:1).

El mayor problema está en el alma. Si esta no es saciada con la presencia de Dios, nada hará que la persona sea feliz, aunque tenga dinero, un cuerpo sano y/o una familia.

«El ciervo tiene una cosa interesante: logra oler agua a kilómetros, pero no bebe agua sucia, busca la fuente de agua pura, sube montañas para ir a ese lugar. Mientras que una persona bebe agua sucia, espiritualmente hablando, en el momento puede saciar su sed, pero después vienen las consecuencias y el dolor», explicó el obispo.

Lo que más le hace falta es la presencia de Dios. Si la tiene, no habrá problema que no logre vencer, además Él le transforma. Pero mientras la persona no tenga esa agua pura (el Espíritu de Dios) no será plena.

«En una ocasión, Jesús encontró a una mujer que ya había tenido 5 maridos, ¿por qué se había casado tantas veces? ¿Acaso las relaciones habían sido malas? Muchas veces sucede que las personas creen que los demás son el problema, menos ellas mismas. Pero, en realidad, uno mismo es el problema: si usted no tiene paz, no vivirá en paz con los demás; si no es feliz, no podrá hacer a otros felices…», añadió.

Jesús no condenó a aquella mujer porque sabe que las personas cometen errores por no conocerlo a Él. Así como ella buscaba la felicidad en los hombres, hoy en día muchos lo hacen por medio de amantes, mudándose de país, con drogas, etcétera. Pero, en este encuentro, el Señor le dijo a ella una lección que es para toda la vida: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna.» (Juan 4:13-14).

De acuerdo con el obispo, si usted trata de buscar la felicidad en las cosas o personas, volverá a tener sed, porque el alma es la que está sedienta, la que se deprime, la que siente odio, la que tiene deseos de morir, no el cuerpo. En tanto el alma no sea saciada, la persona vivirá así, pero al beber del agua que Jesús le da, nunca más estará sediento,

Y cuando usted recibe el Espíritu Santo, empieza a ser esa fuente, a partir de entonces, todo a su alrededor tendrá vida. Es como en el río Amazonas, este nace de una pequeña fuente que se convierte en el río más largo del mundo, y si se fija bien, por donde este pasa, hay vida sin importar la estación del año, siempre está verde.

«Es lo mismo que Jesús dijo que sucedería con nosotros, cuando usted recibe el Espíritu Santo, empezará a ser esa fuente y todo a su alrededor tendrá vida: su matrimonio, hijos, economía… todo. Pero es necesario que usted decida entregarse a Él ahora mismo, de esa manera Él viene y saciará su alma», finalizó.

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