«El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate» (Proverbios 15:13).
Un alma abatida, triste y en depresión refleja, en su imagen, una vida perdida, sin rumbo y sin placer consigo misma ni con su familia. Termina aislándose en el fracaso y en la debilidad del espíritu.
Pero, al oír la voz de Dios, las dulces palabras le traen el alivio del alma, que tanto buscó en distintos caminos. Y solo así encuentra la alegría y la perfecta paz reflejadas en su rostro: la alegría de la salvación. ¡El milagro del nuevo nacimiento!
