Deshágase de la carga para llegar a la meta

Deshágase de la carga para llegar a la meta

Por Departamento Web 2

Nuestro mayor propósito no solo es recibir las bendiciones de Dios. Nosotros podemos alcanzarlas porque Él lo prometió. Sin embargo, recibir un milagro no debe ser nuestro objetivo final, explicó el obispo Franklin Sanches durante el Santo Culto del pasado 6 de junio.

Cuando Dios se le apareció a Jacob aquella noche, cuando él estaba en una situación de desesperación, huyendo de su hermano, amenazado de muerte y sin la perspectiva de lo que el futuro le esperaría. El Señor le mostró en una visión la escalera en la que subían y descendían los ángeles: «y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí, el Señor estaba sobre ella» (Génesis 28:12)

«Dios estaba arriba de la escalera. Esta es una gran lección que no podemos ignorar», enseñó el obispo. No está mal pedir y recibir conquistas, prosperar, ser sanado y recibir bendiciones familiares. Eso está perfectamente dentro del propósito de la salvación.

Sin embargo, ese no puede ser el mayor objetivo. «Si nos enfocáramos en ello, entonces perderíamos lo más importante de la caminata, que es la vida eterna», señaló.

Cuando Jacob tuvo la revelación, él hizo su voto y se quedó en la casa de su tío Labán. Durante los 20 años que Jacob vivió en ese lugar, él no decayó. A pesar de que recibió un trato de empleado y su tío le cambió el salario 10 veces. Jacob nunca se desanimó ni permitió que las adversidades lo hicieran dudar de la palabra por el siguiente motivo: «Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:1-2)

Esto no solo ocurrió con Jacob. El secreto de Abraham, Isaac, Elías, Moisés, Gedeón y David, para mantenerse firmes, fue que sus ojos estaban puestos en Jesús. No en las circunstancias, ni en las personas. Solo en Quien está arriba de la escalera.

De acuerdo con el obispo Franklin, el versículo anterior aconseja que nos despojemos de todo peso. «Querer correr en la batalla cargando un peso es como quien corre un maratón con una mochila llena de piedras. Es necesario que retire lo que le impide avanzar. De lo contrario, puede que usted continúe, pero tarde o temprano el peso comienza a ser insoportable», dijo.

¿Qué peso ha cargado usted? Puede ser la culpa por un error cometido en el pasado. Pueden ser complejos o traumas. Tal vez tiene malos ojos, dudas o incredulidad. El pecado tampoco nos permite avanzar. «Si quiere llegar a la meta, que es la salvación, tiene que despojarse de su carga», añadió.

El obispo explicó la importancia de tener la vida eterna como objetivo final, exhortándonos a correr con paciencia la carrera, teniendo los ojos puestos en Jesús: «Esto es un maratón. Siga corriendo con paciencia aún si las cosas no salen como lo planeó. Y si está enfrentando una lucha, no quite los ojos del Señor». No ponga sus ojos en sus hijos, su esposo, en los obreros o pastores. Mientras sus ojos estén en Jesús, usted va a vencer. Ese es el secreto para que usted llegue a la meta final.

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