Demasiado sensibles

Demasiado sensibles

Por Social Media

Muchos hombres dejan que las emociones saboteen sus elecciones, lo cual los perjudica en todas las áreas

Tal vez conoces a un hombre que insiste en usar ropa de marca que está por encima de sus condiciones financieras porque cree que debe transmitir la imagen de éxito para gozar del favor de los clientes y de las mujeres. Alguien que antes hasta no era mal vestido, aunque no usara ropa cara, sino de calidad. Su sensibilidad está en considerar lo que los demás piensan de él o de su apariencia.

También existe aquel hombre que está ansioso a causa de los problemas en la familia, por tener que administrar la nueva rutina de trabajo impuesta por la pandemia del nuevo coronavirus o por el hecho de que sus ingresos hayan disminuido y, con todo esto, descarta sus antojos en la comida y descuida su alimentación. A causa de sus emociones a flor de piel, aquellas ocasiones de despertarse en la madrugada y orar se transformaron en visitas al refrigerador. Ahí no existe racionalidad.

Es claro que en situaciones como estas, la salud paga los platos rotos. El sobrepeso trae consigo enfermedades, disminuye la autoestima, e incluso trae consigo más ansiedad, que termina generando más intentos de consolarse con la hamburguesa grasosa, papas fritas llenas de sal, pasteles de chocolate enteros y bebidas alcohólicas, viendo boberías en la televisión «para no pensar». ¿Orar? Eso se volvió cosa del pasado. Él incluso dice malas palabras y prefiere escapar al antro más cercano. Por seguir sus sentimientos y su corazón, incluso termina dándole algunas respuestas con enojo a su esposa o novia, por ejemplo.

Es común que los hombres que encajan en los perfiles mencionados anteriormente se pregunten, en un momento de silencio: «¿De dónde vinieron todas esas tribulaciones, justo cuando mi vida se encaminó?». ¿Te has identificado con eso?

La respuesta es simple: aquel hombre sensato, que usaba la razón en el momento de planear su trabajo, aprovechaba los momentos en familia, cuidaba de sí mismo, le daba atención a la esposa y era un puerto seguro para la familia en los momentos de dificultad se dejó llevar por la emoción generada por las circunstancias —que en un círculo vicioso, siempre empeoran a causa de actitudes impensadas.

Lamentablemente, muchos hombres dejan que las emociones los dominen. Los demasiado sensibles se vuelven víctimas de las propias emociones, que ellos mismos o los demás les causan. Actuando por impulso, no ven que las cosas funcionen. «Cuando pone las emociones al frente, multiplica los problemas y es capaz de tomar actitudes irracionales», dijo el obispo Renato Cardoso.

Y el diablo se aprovecha del hombre sensible. Él no pierde esa brecha, armando una trampa para atrapar a aquel que se enfoca en las emociones que surgen en medio de los problemas y no en la voluntad de Dios en su vida.

Así que vale la pena una advertencia: cuando no se usa la razón para equilibrar las situaciones, también ocurre el distanciamiento de Dios. ¿Cuántos hombres no se distraen por el placer causado por la falsa sensación de seguridad material y dejan el área espiritual para después?

La Biblia dice que «todo hombre prudente procede con sabiduría; mas el necio manifestará necedad.» (Proverbios 13:16). La buena noticia es que aún puedes dejar que el Espíritu Santo te traiga la razón y la inteligencia para poder hacer las elecciones correctas y ser un hombre exitoso de verdad. Eso está al alcance de cualquier persona. Por lo tanto, cierra el refrigerador, usa la inteligencia y medita en la Palabra de Dios.

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