Deje de soñar y comience a actuar

Deje de soñar y comience a actuar

Por Departamento Web 2

Todos quieren crecer, pero una línea separa a los entusiastas de los perseverantes. Las Sagradas Escrituras cuentan la historia de Nehemías y cómo tuvo el valor de lograr lo que quería

A pesar del intenso frío en algunos puntos de Estados Unidos, miles de personas se reunieron para darle la bienvenida al 2020 en uno de los lugares más conocidos de la ciudad de Nueva York: el Times Square. Gente de varias partes del mundo dejó sus deseos registrados y parte de ellos los mezclaron con la enorme nube de confeti que, con las luces y los fuegos artificiales, marcaron el «espectáculo». Con seguridad, los deseos materiales y amorosos figuraron como los primeros en la clasificación de los papeles arrojados.

Independientemente del lugar, muchos deseos fueron anotados. Nada malo. A final de cuentas, desear cosas buenas nunca le hizo daño a nadie, pero solamente desear no cambia la vida de nadie. Es necesario tener actitudes que concuerden con lo que se anhela.

No obstante, miles de personas pasaron el año nuevo en la Iglesia y desearon en lo más profundo de su ser (y las transfirieron en papel) sus necesidades. Pero ¿acaso entre ellas estaba la necesidad de ser grandes en su vida con Dios? A pesar de aprender en la escuela, cuando estudiamos matemáticas, que el orden de los factores no altera el producto, en el aspecto espiritual, el orden —la prioridad— altera y siempre alterará el resultado final.

La fe de Nehemías

Las Santas Escrituras cuentan varias historias de personas que tuvieron la necesidad de entender cuál era la prioridad antes de alcanzar el éxito. Un ejemplo es Nehemías, que fue un hombre exitoso en lo que le fue confiado, pues fue sensible para darse cuenta de la necesidad espiritual en la que estaba Jerusalén.

«Y me dijeron: […] el muro de Jerusalén fue derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. […] Porque yo servía de copero al rey» (Nehemías 1:3, 4, 11)

Aunque su confianza estaba en Dios (tanto así que recurrió al Altísimo), con el paso de las semanas, el rostro de Nehemías dejó entrever que un vacío de respuestas y acciones le hizo sentirse incómodo. El rey vio aquella tristeza y preocupación (Nehemías 2:2-3) y tocado por el clamor de Nehemías Dios le brindó la oportunidad de escucharlo. Al exponer la situación, le concedió que le pidiera lo que fuera necesario (Nehemías 2:5).

Los ojos de Nehemías se dirigieron a la condición espiritual de aquel lugar que estaba arruinado. Aunque hubiera mucha necesidad, otros proyectos que realizar, sueños que reconstruir y mucho dolor y hambre que sanar, la prioridad fue reconstruir la vida con Dios, que estaba deteriorada.

Dicha actitud pudo haber parecido una locura para muchos en ese entonces, así como lo sigue siendo hoy. ¿Quién, ante proyectos de enriquecer, construir fortunas, estabilizarse en el empleo, conocer países, formar una familia, prioriza tener una relación con Dios? ¿Quién ve ese proyecto todos los días y no se cansa hasta hacerlo realidad?

Ni el propio Dios le pidió a Nehemías que se levantara y actuara, pero él lo decidió. Hoy tenemos Su Palabra, los programas de radio y televisión, los blogs que nos orientan a tomar la actitud correcta, pero, aún así, muchos ignoran la decisión que necesitan tomar y eso explica la condición espiritual tan débil en que se encuentran.

Los que se humillan delante de Dios, y se consideran dependientes de Él, se agigantan delante de los problemas y de la propia condición por peor que sea. Los que elevan su nivel espiritual alcanzan niveles que no se comparan a ningún otro. Al tener esa fuerza en su interior conquistan y logran mantener sus conquistas, desafiando el tiempo y las dificultades.

Los muros de Jerusalén quedaron en ruinas durante cien años y tardarían mucho para ser reconstruidos, pero fueron levantados en tan solo 52 días. Nehemías pasó de copero a gobernador. En base a esto, en la Universal se están viviendo los 52 Domingos de la Fuerza para Realizar Proyectos, y los que desean construir sus vidas mano a mano con Dios aún pueden participar en este propósito, que inició el 5 de enero. Acuda a la Universal más cercana a su domicilio, o bien, participe en el Templo de los Milagros, que se ubica en Av. Revolución núm. 253, col. Tacubaya. El horario especial es a las 9:30 a. m.

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