«Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación, desead como niños recién nacidos, la leche pura de la Palabra, para que por ella crezcáis para salvación…» (1 Pedro 2:1-2)
Dios aprecia a los humildes que creen en Sus Palabras y alcanzan la salvación y la paz sin ninguna duda, malicia ni murmuración. Desean sinceramente el agua viva y la leche celestial, prometidas por el Padre para alimentarlos cada día, dando alivio y refrigerio a sus almas. Él los envuelve en amor y perdón, trayéndoles una paz incomparable durante toda su vida.
