¡Cuidado! La caída viene sutilmente

«Aconteció que en la primavera, en el tiempo cuando los reyes salen a la batalla, David envió a Joab y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los hijos de Amón y sitiaron a Rabá. Pero David permaneció en Jerusalén» (2 Samuel 11:1).

De acuerdo con las Escrituras, era tiempo de que los reyes fueran a la batalla, sin embargo, en esa ocasión, David no fue; solo envió a sus soldados. «Él ya había conquistado muchas cosas, había vencido muchas batallas, y se dijo: “Ya hice demasiado, puedo darme un descanso, me lo merezco”. Así comienza la comodidad espiritual», comentó el obispo Franklin Sanches al inicio del Santo Culto del domingo 15 de febrero.

En el encuentro, el obispo explicó que, cuando una persona empieza en la fe, comienza activa y fervorosa. Participa en los propósitos, y Dios comienza a cambiar su vida porque su fe está en movimiento: es sanada, su familia es restaurada, tiene paz, las puertas comienzan a abrirse y su vida avanza.

No obstante, es necesario tener cuidado, porque ahí puede entrar la comodidad. Como lo explicó el obispo, si uno empieza a acomodarse, ya no quiere participar en los propósitos, pues dice: «para qué si ya estoy bien y ya recibí el Espíritu Santo», por lo que deja de hacer las cosas o las hace de cualquier manera. «Ya no es esa persona que tenía establecidos sus horarios para orar y buscar el Espíritu Santo […]. Su oración se vuelve un rezo», comentó.

La caída viene sutilmente

«Y al atardecer David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey, y desde el terrado vio a una mujer que se estaba bañando; y la mujer era de aspecto muy hermoso. David mandó a preguntar acerca de aquella mujer. Y alguien dijo: ¿No es esta Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías hitita? David envió mensajeros y la tomó; y cuando ella vino a él, él durmió con ella. Después que ella se purificó de su inmundicia, regresó a su casa. Y la mujer concibió; y envió aviso a David, diciendo: Estoy encinta» (2 Samuel 11:2-4).

Mientras sus hombres estaban en la batalla, David paseaba… Ahí fue cuando cayó. Si hubiera estado en la guerra, no habría cometido adulterio. «Esa es la razón por la que la Iglesia Universal realiza un trabajo muy intenso, siempre promoviendo actividades para que las personas usen constantemente su fe», explicó. Pero, lamentablemente, por la comodidad, muchos piensan que ya no lo necesitan.

David fue confrontado por esa actitud

«Entonces el Señor envió a Natán a David. Y vino a él y le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas. Pero el pobre no tenía más que una corderita que él había comprado y criado, la cual había crecido junto con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su seno, y era como una hija para él. Vino un viajero al hombre rico y este no quiso tomar de sus ovejas ni de sus vacas para preparar comida para el caminante que había venido a él, sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre que había venido a él. Y se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive el Señor, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir; y debe pagar cuatro veces por la cordera, porque hizo esto y no tuvo compasión» (2 Samuel 12:1-6).

Cuando la persona está acomodada espiritualmente, ve los errores de los demás, pero no los suyos. Por ejemplo, al escuchar la prédica, no piensa en sí misma, sino en otros. No obstante, para que su situación cambie, es necesario reaccionar. Como Dios le dijo a Salomón: «Si se humilla Mi pueblo» (2 Crónicas 7:14). Es decir, cuando uno se humilla, reconoce su error y se convierte, cambia.

Reconocer el error

«Entonces Natán le dijo: Tú eres aquel hombre» (2 Samuel 12:7).

Cuando el profeta le dijo esto, a David le cayó el veinte: «Entonces David dijo a Natán: He pecado contra el Señor» (2 Samuel 12:13). De acuerdo con el obispo Franklin, «él no intentó defender su error […]. Si quiero ser libre, tengo que ser sincero conmigo mismo y sobre todo con Dios».

Cuando uno se humilla, Dios trae la restauración. «En esta mañana, yo quiero orar por usted que tal vez cayó en la comodidad espiritual. Si dice: “quiero recuperar ese fervor”, voy a orar con usted», finalizó.

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