Cuando nada va bien…

Cuando nada va bien…

Por Departamento Web 2

Estamos viviendo épocas muy difíciles, en las que muchas personas lo perdieron todo. Perdieron salud, familia, empleo, negocio, casa… Hay personas que nunca habían pasado por lo que están pasando en este momento de pandemia, y muchos se están desanimando de la fe ante tantos problemas, tantas pérdidas, e incluso están desistiendo de la propia vida.

Es fácil creer en Dios cuando todo va bien, cuando no hay problemas, pero es en los momentos difíciles de la vida cuando más necesitamos usar la fe para poder superarlos y vencerlos. Nunca podemos perder la fe, porque la fe es el único puente que nos conecta con Dios. Si ese puente se rompe, perdemos nuestra conexión con Dios, es decir, perderemos todo, inclusive la propia salvación.

En 1 Samuel 30, encontramos el relato de cuando David regresó con sus hombres a Siclag, y encontró la ciudad saqueada y quemada por los amalecitas, que se habían llevado cautivos a las mujeres, los hijos, las hijas y todo lo que tenían. Ellos lo habían perdido todo y, naturalmente, ante esa situación, se sintieron muy angustiados, alzaron la voz y lloraron, hasta que no tuvieron más fuerzas para llorar, porque el alma de todo el pueblo estaba en amargura, pero David se fortaleció en el Señor su Dios.

Es natural que el ser humano llore ante determinadas pérdidas que sufre en la vida, y esta es la situación de muchas personas que lo han perdido todo con esta pandemia. Pero no es normal vivir el resto de la vida llorando, frustrado, deprimido por los problemas. Es necesario adoptar una actitud de fe para cambiar la situación, de lo contrario la vida nunca cambiará.

David también lloró, pero reaccionó, se fortaleció en Dios y consultó al Señor. De nada sirve que una persona crea en Dios, si no toma actitudes en su vida y se deja abatir por los problemas.

Pues, en los momentos más difíciles de la vida es cuando más necesitamos poner nuestra fe en acción, para que podamos revertir la situación, y eso es exactamente lo que hizo

David. Él no fue solamente un hombre de fe, sino que fue un hombre de actitudes, y eso lo convirtió en un gran líder.

Muchas personas en los momentos difíciles de la vida hacen exactamente lo contrario, terminan abandonando la fe, se dejan abatir por los problemas, abandonan la batalla y tiran la toalla. Pero, actuando así, nunca podrán levantarse en la vida. Por eso vemos a muchos creyentes caídos, a muchos sin iglesia, que se rebelan contra Dios, cuando deberían rebelarse contra el diablo. En lugar de fortalecerse en Dios y consultar al Señor, muchos van a consultar a brujos, videntes, horóscopos, profetas.

Sin embargo, debemos fortalecernos en la Palabra de Dios, tomar actitudes de fe y consultar únicamente al Señor, porque Él es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmos 46:1).

David no se dio por vencido. Movido por su fe, reunió a sus hombres y fue a la lucha. Llegando al campamento de los amalecitas:

“Y los hirió David desde aquella mañana hasta la tarde del día siguiente; y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos jóvenes que montaron sobre los camellos y huyeron. Y libró David todo lo que los amalecitas habían tomado, y asimismo libertó David a sus dos mujeres. Y no les faltó cosa alguna, chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado; todo lo recuperó David. Tomó también David todas las ovejas y el ganado mayor; y trayéndolo todo delante, decían: Este es el botín de David”. 1 Samuel 30: 17-20

Podemos comprobar que la forma en la que David reaccionó ante el problema cambió toda esa situación. No solo recuperó lo que había perdido, sino que también conquistó un gran botín, y no faltó ninguna cosa, ni pequeña ni grande, que no recuperara. Así será también con todos aquellos que, frente a todas sus pérdidas y problemas, se fortalezcan en Dios y pongan la fe en acción. No habrá cosa ni pequeña ni grande, todo lo que se ha perdido será recuperado, en el Nombre del Señor Jesús.

Obispo, recuerdo cuántos momentos difíciles atravesó la iglesia y la forma como usted reaccionó ante esos problemas que fueron muy grandes. Tuvimos tantas pérdidas en aquellos momentos, mucha gente estaba desanimada de la fe y usted, por teléfono, entró a través de la radio y empezó a pasarle fe al pueblo, a todos nosotros. Fue una lucha muy grande, pero Dios nos dio la victoria sobre nuestros enemigos y nos dio mucho más.

Las decisiones que tomamos ante los problemas hoy son las que van a definir nuestro futuro. No basta con creer en Dios, tener una gran fe, si no tomamos actitudes.

Colaboró: Obispo Paulo Roberto Guimarães

Extraído del blog del Obispo Macedo

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