Conéctate con lo Sagrado

Empieza por las palabras, porque no son solo sonidos: son semillas que germinan en el alma y pueden dar fruto de vida —salud, paz, prosperidad— o de muerte —enfermedades, angustia, escases—.

Lo que sale de nuestra boca revela aquello que sobrecarga nuestro subconsciente, lo que está dominando nuestra mente y que termina produciendo angustia en nuestra alma (corazón). Muchas veces, sin darnos cuenta, nos convertimos en nuestros peores profetas.

La Palabra de Dios lo expresa con claridad:

«Por el fruto de su boca cada cual se saciará de bien, y las obras de las manos del hombre volverán a él. El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio» (Proverbios 12:14-15).

Así como nos lavamos las manos para no enfermarnos, también es necesario purificar nuestras palabras. El arma más letal contra el bienestar no es externa, sino interna. Millones han caído en derrota espiritual, emocional, física y económica por el uso imprudente de sus propias palabras.
Las palabras de queja, de duda, de condena y de autoderrota han sido como cadenas invisibles, atando el alma, el cuerpo y la vida a la miseria.

Cada palabra que pronunciamos es una declaración profética. Cuando decimos: «No puedo», «Nunca cambiaré», «Nada me sale bien», «Siempre me pasa lo mismo», «Nunca seré feliz en el amor», estamos sembrando fracaso. Pero cuando hablamos con fe, gratitud y visión, vencemos el mal y desatamos la bendición, la sanidad, la seguridad y el avance.

Hoy, ahora, es tiempo de romper esas cadenas invisibles del mal.

• Sustituye la queja por la gratitud.

• Sustituye el miedo por la confianza.

• Sustituye la crítica por la edificación.

• Sustituye la duda por la fe.

• Sustituye el «no puedo» por el «todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

De nada sirve orar por tu salud si una hora después dices: «Sigo igual».

De nada sirve orar por un familiar si una hora después dices: «Él no va a cambiar».

De nada sirve orar por la prosperidad si una hora después dices: «Todo está muy difícil».

De nada sirve orar por el Espíritu Santo si una hora después dices: «No Lo merezco».

De nada sirve orar por tu vida amorosa si una hora después dices: «Parece que nunca seré feliz en el amor».

Es necesario reprender las palabras negativas al instante y sustituirlas por declaraciones de fe, confianza y esperanza. Porque no se pueden esperar milagros, superación ni realización cuando se siembra en la misma tierra —la mente y el corazón— palabras de bendición (vida) y, al mismo tiempo, palabras de maldición (muerte). La disciplina verbal es una higiene espiritual y mental.

La Palabra de Dios nos revela 3 pasos sencillos:

  • Detectar: poner atención a lo que hablas.
  • Reprender: no aceptar lo negativo como algo normal, sino rechazarlo.
  • Reformular: inmediatamente decir lo contrario.

Al principio tendrás que corregirte con frecuencia, pero con el paso de los días verás una gran evolución. Aplicando estos tres pasos —que he puesto en práctica en mi vida y enseñado a miles de personas— comenzarás a cambiar la manera de verte a ti mismo, de ver las circunstancias y a las personas, de una forma más positiva, esperanzada, disciplinada y alegre, incluso en medio de las dificultades.

Por eso, no toques lo que es sagrado usando tu lengua para hablar palabras negativas, de maldiciones o de derrota. No permitas que salga de tu boca algo malo. Nuestras palabras deben ser usadas debidamente para agradar a Dios, que es la Propia Palabra (el Verbo):

«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1).

En resumen,cambiar el hábito de hablar negativamente es una decisión diaria. Antes de decir algo, piensa si lo que estás apunto de decir son palabras destructivas o palabras que producen algo bueno para tu vida.

Las palabras tienen poder tanto para lo bueno como para lo malo. A través de ellas determinas lo que sucederá, porque cuando alguien determina algo, está poniendo la fe en eso, ya sea algo positivo o negativo.

Además, cuando hablamos, indirectamente estamos atrayendo eso hacia nuestra vida. Aunque todavía no se haya materializado, en nuestro interior estamos creyendo en ello y, tarde o temprano, puede llegar a suceder.

Por eso, entrena tu mente: no seas impulsivo, no te dejes llevar por el calor del momento. Determina cosas buenas para ti y para los que te rodean, y verás cómo la práctica te conduce a alcanzar aquello que tanto deseas y que has determinado con tus palabras.

Esto también se refleja en el mundo espiritual. Cuando Le agradecemos a Dios aun en medio de los momentos difíciles y decimos: «Gracias a Dios», esa gratitud se convierte en alabanza, debilitando al mal y quitándole fuerza en nuestra vida.

No lo olvides:

«Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.» Proverbios 18:21

¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!

Obispo Julio Freitas

Compartir este artículo
No hay comentarios