¿Cómo limpiar tu nombre para siempre?

En Proverbios 22:1 leemos que: «Más vale el buen nombre que las muchas riquezas; y el ser apreciado más que la plata y el oro». Muchos solo piensan en ganar dinero, sin embargo, hay riquezas que este no compra, no paga y no recupera; una de ellas es el nombre.

Uno puede tener muchos bienes, o ninguno, pero, con su propio nombre es capaz de construir su patrimonio a lo largo de la vida. En esa trayectoria, su reputación y su fama, es decir, la manera en la que es conocido y respetado permiten que uno construya su vida para bien o para mal.

Hay quien tenga fama de ladrón, de infiel, de traicionero y, por eso, las puertas se le cierran, su nombre se «ensucia» y pierde crédito, no solo en lo financiero, también en la vida. No obstante, para quien está en esa situación y quiere cambiar su realidad actual, la Palabra de Dios dice que Él nos da un nuevo nombre (lee Apocalipsis 2:17). Lo hizo con Saulo, al cambiar su nombre a Pablo, y con otros personajes bíblicos.

Entonces, aunque hayas perdido la credibilidad, manchado tu nombre o tu imagen con actitudes equivocadas, sé sincero con Dios y dile:

«Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve» (Salmos 51:7).

Así como David tuvo valentía para actuar mal, también fe humilde y valiente para humillarse y buscar la reparación y el perdón de Dios. Y también puede suceder contigo; aunque tu pasado no se pueda borrar, puedes construir una nueva reputación y un nuevo nombre, unido al Nombre del Señor Jesús, que es limpio y santísimo.

Esa construcción no ocurrirá de la noche a la mañana, pero, si perseveras, Él va a darte una nueva historia.

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