¿Cómo iniciar y mantener una vida con Dios?

¿Cómo iniciar y mantener una vida con Dios?

Por Social Media

Hay un punto crucial para eso

Para tener una vida con Dios, primeramente, es necesario admitir que Lo necesitas. Esto es imposible sin antes reconocerse a sí mismo como un pecador.

Para una mejor comprensión: si una persona no reconoce que está enferma, no buscará la cura para la enfermedad y no se someterá al tratamiento adecuado. Es un ejemplo simple, y que no significa que Dios es un simple medicamento, sino que refuerza lo que está escrito en Su Palabra:

«Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.» (Marcos 2:17).

«… por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:23-24).

Por eso, una vida con Dios solo inicia, de hecho, cuando la persona reconoce su verdadera condición de pecador y la necesidad de Salvación por medio del Señor Jesús.

¿Pero cómo esto es posible?

El don del arrepentimiento es una obra exclusiva del Espíritu Santo. El obispo Edir Macedo, en su libro El ministerio del Espíritu Santo, explica los tres puntos en donde Él trabaja para convencer al ser humano:

1. Él revela el nivel de corrupción moral y espiritual de cada uno;

2. Su naturaleza caída;

3. La necesidad urgente de la justicia de Dios.

«Además de eso, el Espíritu Santo también presenta la injusticia cometida por cada persona y cuán sujeta estará al juicio y a la condenación, en caso de que no se arrepienta», aclara.

Dureza de corazón

El obispo destaca que solo alguien completamente insensible a la voz de Dios es capaz de resistirla.

Sin embargo, esta insensibilidad no se debe a que la persona no pueda escucharlo, sino por no querer eso. «Es debido a la dureza y a la falta de arrepentimiento que los incrédulos acumulan contra ellos mismos la ira (Romanos 2:5). El hecho de no ser convencido por Dios es la mayor prueba de que falta el deseo sincero de querer conocerlo».

Por eso, enfatiza «no es porque el Espíritu Santo no haya convencido a alguien de que la culpa de la perdición de esa persona será de Dios». Porque aunque el Señor tiene todo el poder para convencer, «nosotros somos los que damos las condiciones para que Él lo haga. A final de cuentas, está escrito que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34)».

Frutos de arrepentimiento

Al buscar a Dios y recibir de Él el don de arrepentimiento, el obispo resalta que la señal más impactante es la inclinación espontánea que el mismo tiene «para sacrificar su propia voluntad para agradar a Dios, aunque eso involucre pérdidas, como la reputación, una ganancia ilícita, una relación indebida o un hábito cultivado desde hace mucho tiempo».

Estos sacrificios para agradar al Señor generan frutos, es decir, muestran que realmente hubo un arrepentimiento sincero. Por esa razón, el obispo afirma que el «arrepentimiento siempre significa cambio de dirección, de enfoque y de perspectiva; por eso, quien se arrepintió de verdad asume el compromiso de caminar rectamente, cueste lo que cueste».

De esta manera, no solo se inicia sino que también se mantiene una vida con Dios.

¿Quieres saber más sobre este y otros temas relacionados a la fe cristiana? Participa en las reuniones que se llevan a cabo en el Templo de los Milagros, en Av. Revolución núm. 253, col. Tacubaya, CDMX. O bien, acude a la Universal más cercana a tu domicilio.

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    La rosa de Sarón no era una rosa común

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