«Dios es quien me infunde fuerzas; Dios es quien endereza mi camino. (Salmos 18:32)
Nuestra naturaleza es frágil, y necesitamos que nuestros caminos sean allanados por lo sobrenatural. Para ello, es necesario entregar nuestras vidas en las manos de Dios. Él nos da Su fuerza por medio del Espíritu Santo, y solo con Él somos victoriosos. Así, podemos ser el sostén de nuestra familia y ayudar a Su pueblo a conocerlo en Su plenitud.