«Te castigará tu propia maldad, y tus apostasías te condenarán. Reconoce, pues, y ve que es malo y amargo el dejar al Señor tu Dios, y no tener temor de mí —declara el Señor, Dios de los ejércitos.» (Jeremías 2:19).
¡Qué cosa tan terrible es caer en las manos del Todopoderoso! Así les sucede a quienes miran con malicia a Sus siervos mientras predican Su Palabra, y también a aquellos que practican la apostasía contra Su Nombre.
La falta de temor a Dios le hizo seguir los caminos de la vanidad, atendiendo a los deseos de su corazón, lo que lo llevó a darle la espalda a Dios sin escuchar la voz del Espíritu Santo, que le advierte sobre el peligro de perder la salvación.
¡Arrepiéntase mientras aún hay tiempo!
Y vuelva al Señor, su Redentor.
