«Ten piedad de mí, oh Señor, porque estoy en angustia; se consumen de sufrir mis ojos, mi alma y mis entrañas. Pues mi vida se gasta en tristeza, y mis años en suspiros; mis fuerzas se agotan a causa de mi iniquidad, y se ha consumido mi cuerpo.» (Salmos 31:9-10)
Así viven muchas personas: deprimidas, angustiadas, en tinieblas, sin paz, sin fuerzas y con el peso del pecado sobre los hombros. No saben que el Señor Jesús ya cargó sobre Sí el pecado de toda la humanidad y, por ello, desconocen la grandeza de Dios y Su poder para liberarlas del pecado y de todo mal.
