Perdonar no es algo simple, pero es posible
Al inicio de la meditación de este viernes 16 de enero, el obispo Edir Macedo saludó a todos como amigos, dejando claro que ese saludo incluye también a quienes no se consideran amigos suyos. Según explicó, esto refleja la enseñanza del Señor Jesús, que va más allá de los sentimientos humanos y se basa en la obediencia a la Palabra de Dios.
Para ilustrar este principio, el obispo recordó el momento en que Jesús, en Getsemaní, recibió a Judas, quien lo traicionaba con un beso. Aun así, la primera palabra de Jesús fue: «Amigo». Sobre esto, el obispo explicó que Jesús era amigo de Judas, aunque Judas no fuera amigo de Jesús. Por eso, todos son llamados amigos.
El amor que nace de la obediencia
En ese sentido, llamó la atención hacia la enseñanza directa dejada por Jesús, registrada en las Escrituras en Mateo 5:44:
«Pero Yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen».
Según el obispo, este mandamiento revela quién, de hecho, es hijo de Dios. Esto se debe a que no se trata de un sentimiento natural, sino de una actitud consciente. «Para ser hijo de Dios, la persona necesita tener ese comportamiento, esa acción en relación con las demás personas», explicó.
El perdón no es sentimiento, es decisión
A continuación, el obispo Edir Macedo habló sobre el perdón, dejando claro que perdonar no es algo simple. Al fin y al cabo, perdonar significa desear el bien a quien hizo el mal. «El perdón no tiene nada que ver con sentimiento, emoción o cariño.
Según él, si la persona depende del corazón, jamás conseguirá amar a los enemigos. Sin embargo, cuando decide obedecer la Palabra de Dios, comienza a orar por aquellos que la maldicen, persiguen y calumnian. «No depende del corazón; depende de la voluntad racional, inteligente, que piensa», resaltó.
Amar es querer el bien
De acuerdo con el obispo, cuando la persona obedece la Palabra de Dios y ama a sus enemigos, desea sinceramente el bien de ellos. Así, ese amor no depende del corazón, sino de la decisión de obedecer. «Cuando obedezco la Palabra de Dios, estoy probando que Lo amo», explicó.
También destacó que no se trata de ignorar el mal ni de ser cómplice de injusticias. Sin embargo, el enemigo al que Jesús se refiere no es aquel que invade una casa para hacer el mal, sino, muchas veces, alguien cercano: un familiar, un cónyuge, un compañero de trabajo o alguien que causó dolor y sufrimiento.
El amor que sacrifica
Al hablar sobre el verdadero amor, el obispo recordó el versículo bíblico de Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito». Es decir, el amor de Dios no fue solo un sentimiento, sino una actitud concreta de entrega y sacrificio.
En ese contexto, comparó ese enseñamiento con el matrimonio, explicando que el amor verdadero se construye diariamente, con renuncia, compromiso y fidelidad a la palabra empeñada delante de Dios. «Amar es dar. Amar es sacrificar», afirmó.
Perdón: liberación interior
Por último, el obispo Edir Macedo dejó una invitación a la reflexión. Según él, quien carga rencores, resentimientos o heridas en el corazón necesita liberarse de eso. Para ello, no basta intentar controlar los sentimientos, sino decidir obedecer la Palabra de Dios.
«Cuando oras por quien te maltrató, estás perdonando. Cuando deseas el bien de esa persona, estás obedeciendo la Palabra de Dios».
Así, concluyó que el amor que Dios espera no es emocional, sino basado en la obediencia, el sacrificio y la práctica diaria del bien. Por lo tanto, amar es una decisión que glorifica a Dios y transforma el corazón. «Ese es el amor que Dios quiere y requiere de cada uno de nosotros», finalizó.