Las invencibles

Las invencibles

Por Social Media

Cristiane recuerda los momento vividos con su hermana, Viviane, en los viajes a la escuela

Cuando finalmente el timbre tocó y encontramos el autobús que se pararía cerca de nuestra casa, todos los alumnos ya estaban adentro mirándonos con cara fea. Solo que ahora Vivi y yo estábamos juntas y ya nadie nos intimidaba. Nos sentamos en la parte de enfrente del autobús y empezamos a hablar del primer día horrible en la escuela, y, para mi indignación, una vez más, mi hermana había sido ignorada completamente y tuvo que comer sola en el recreo.

En aquel viaje de la escuela a casa, mientras compartíamos nuestros desahogos, los niños cuchicheaban sobre nosotras al fondo del autobús. «¡No te preocupes, no, Vi!», le decía a ella. Hasta que uno de los muchachos se acercó y gritó, parecía estar reclamando porque nosotras estábamos hablando en portugués. Lo ignoré completamente y le dije a Vivi, «no vamos a dejar de conversar, no, ignóralo». Fue entonces que empezaron a arrojarnos basura del autobús. Mientras más se enojaban con nosotras, más hablábamos en portugués, incluso, ya no teníamos nada para conversar, pero no les íbamos a dar el placer de parar, pues sí, ¡parece que cuando estábamos juntas nos volvíamos invencibles!

Antes de llegar a casa, decidimos no decirles nada a nuestros padres, no queríamos que ellos se preocuparan. Mi mamá nos preguntó qué habíamos comido en la escuela, ella, como siempre, estaba preocupada por nuestra alimentación, se pasmó al saber que habíamos comido hot-dog con papas fritas. Al día siguiente, empezó a darnos el almuerzo, antes de salir a la escuela, a las 7 de la mañana: bistec, huevo frito, tomate y papa cocida. Y cuando llegábamos de la escuela, de nuevo más comida. Fue en ese año que se empezó a desarrollar mi cuerpo de jovencita. Las «compañeras» punks se avergonzaban de mi manera infantil de vestirme y, una vez, me llevaron al baño y me llenaron de maquillaje y espray para ver si había una mejora en mí. Intenté quitarme lo más que pude de aquel maquillaje con las manos antes de llegar a casa, pero al parecer, su maquillaje era pesado y mi padre me regañó.

Aquella escuela no fue fácil, no, pero fue en donde empecé a tener mis experiencias con Dios y la primera fue justo al principio, cuando era un tormento despertar en la mañana y tener que ir a la escuela.

La historia continúa…

Por Cristiane Cardoso

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