La honra que hace la diferencia

La honra que hace la diferencia

Por Social Media

Aún con buenas intenciones, muchas personas ponen a los seres queridos, deseos personales y bienes materiales por encima de todo y todos, por ese motivo enfrentan tantos problemas. ¿Por qué sucede?

¿Por qué tantas personas, a pesar de que asisten frecuentemente a la iglesia, aún sufren? Muchas veces porque, aunque en teoría tengan una relación con Dios, no la tienen en la práctica. Hay un error de prioridades.

Al respecto, el obispo Edir Macedo comenta: «las personas están sufriendo porque no han honrado a Dios, es decir, no Lo han puesto en primer lugar en su vida. Muchas veces honran a los padres, a los hijos, al marido o a la esposa, pero no Lo consideran como el Único [que merece] toda la honra y toda la gloria. Incluso dicen que son adoradoras, conocedoras de la Palabra, pero no hacen Su voluntad con todo su corazón, es decir, no Lo honran».

Por lo tanto, no son honradas: «Con Dios es así. De la manera que una persona Lo trata, Él trata a esa persona. Ella recibe de Él lo que también le da. Si ella Lo considera, también será considerada por Él; pero si ella Lo desprecia, también será despreciada», aclaró.

«Si ella Lo honra, Dios también va a honrarla, independientemente de quien sea», continuó el obispo. «Él es justo y, por eso, pone en las manos de las personas el derecho de escoger. No depende de méritos, de religión, de nadie. Sino honrarlo con la propia vida, con el carácter y el comportamiento, haciendo lo que es correcto y andando en los caminos de la verdad», dijo.

Saber honrar

Nadie está diciendo que las personas en nuestras vidas no deben ser honradas y que deben ser hechas a un lado. El propio Dios enseña eso en sus mandamientos: «Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el Señor tu Dios te da» (Deuteronomio 5:16).

Pero es necesario saber cómo honrar todo y a todos sin poner nada por encima de Dios. El obispo Macedo señala el ejemplo de Elí, el sacerdote: «él y su casa fueron elegidos para servir al Señor, sin embargo, el sacerdote permitió que sus hijos abusaran de su autoridad y corrompieran al pueblo de Israel. Entonces, Dios se enojó y dijo: “Por tanto, el Señor, Dios de Israel, declara: Ciertamente Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de Mí para siempre; pero ahora el Señor declara: Lejos esté esto de Mí, porque Yo honraré a los que me honran, y los que Me menosprecian serán tenidos en poco”» (1 Samuel 2:30).

Después, el obispo cuestiona: «así como Dios le preguntó a Elí, hoy también le pregunta a usted: “¿por qué está honrando a sus hijos, a su familia, su profesión, su reputación y tantas otras cosas más que a Mí?».

Muchos cometieron ese error, pero aprendieron con sus fallas y buscaron la mejor decisión.

No quieras recibir lo que no das

Es necesario honrar a Dios más que todo y a todos, según orienta el obispo Edir Macedo: «si usted cree que Dios existe, ¿a quién va a honrar en su vida más que a cualquier otra persona? Solamente a Él. Si usted no lo honra por encima de todo, ¿cómo va a exigirle una vida bendecida? ¿Cómo va a querer ser merecedor de su honra?».

Las personas están sufriendo porque no le han dedicado a Dios toda la honra y toda la gloria. «Esta es una alerta para despertar su fe, ya que una cosa es cierta: cuando presentamos una fe sincera, pura, nosotros honramos a Dios, pero si no lo honramos, Él nos despreciará», concluyó el obispo.

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