Contarles «mentiritas» a los hijos genera adolescentes ansiosos

Contarles «mentiritas» a los hijos genera adolescentes ansiosos

Por Social Media

Estudio revela que las mentiras «inocentes» hacen mucho daño

«De regreso lo compramos», «el hombre del costal te va a llevar», «papá Noé trajo el regalo», «el hada de los dientes dejó la moneda»… Las mentiras «pequeñas» que los padres les cuentan a sus hijos son innumerables. Y los daños que acarrean también.

Un estudio realizado por la Universidad Normal de Xinyang descubrió que entre más mentiras cuentan los padres, por mejores que sean sus intenciones, más ansioso será su hijo cuando llegue a la adolescencia.

«Los padres suelen tener buenas intenciones cuando cuentan mentiras “inocentes”. Pero, para sus hijos, esas mentiras pueden crear inseguridad y, luego, ansiedad», explicó el autor principal del estudio Liu Meiting para el periódico británico Daily Mail.

De acuerdo con él, los niños no tienen capacidad cognitiva para entender que esas «mentiritas» no son la verdad. Al darse cuenta de que los padres mintieron, empezaron a desconfiar de la información de sus progenitores y de la que otras personas les dan. De esa forma, por pequeña que sea la mentira contada por el padre, esta es capaz de generar confusión y desconfianza. Y vivir en un ambiente de desconfianza genera ansiedad.

«Recibir mentiras, probablemente, causará dificultades en la comprensión de información ambigua y, por lo tanto, provocará una actitud negativa con respecto a la inseguridad», afirmó Meiting. «Frecuentemente expuestos a esa inseguridad, a los niños se les empieza a parecer difícil de entender la información que les rodea».

El estudio, que evaluó la relación entre padres e hijos de 912 menores entre 10 y 17 años de edad, incluso señaló que los padres que más contaron las «pequeñas» mentiras tienen más dificultad para acercarse, comunicarse y relacionarse con sus hijos.

La verdad siempre es mejor

Ninguna mentira es inocente. Esto es porque, de acuerdo con lo que la propia Biblia muestra, el padre de la mentira es el propio diablo. De esa manera, es imposible construir una relación saludable con mentiras.

«Nosotros solemos decir que, en donde hay mentira, no puede haber relación», afirma el obispo Renato Cardoso. «Toda relación necesita, por definición, confianza. Necesita sinceridad. Para que haya confianza, tiene que haber sinceridad, honestidad, integridad, transparencia. Pero, hoy en día, las personas han faltado mucho a su palabra. […] Omiten la verdad, esconden la verdad, mienten».

La escritora Cristiane Cardoso resalta que, «cuando usted miente, se convierte en una mentira… Nosotros somos la palabra que decimos. Lo que yo digo me representa. Entonces, si usted miente se convierte en una mentira para aquella persona».

Y es exactamente lo que el estudio chino demuestra: el niño que escucha mentiras —consideradas inocentes— deja de creer en sus padres, que deberían ser el refugio seguro para ellos.

Por lo tanto, lo aconsejable es ser siempre sincero. Aunque la verdad exija un poco más de trabajo o dedicación para ser contada, siempre es más benéfica que la mentira.

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