El carácter longánimo del cristiano

El carácter longánimo del cristiano

Por Social Media

¿Cómo ser paciente para soportar las dificultades y no dejarse afectar por las ofensas?

Ser longánimo significa ser paciente para soportar cuando somos ofendidos o aparecen los problemas. «Hablar es fácil», dirán algunos. ¿Por qué, entonces, hay tantos testimonios de personas que soportaron dificultades sobrehumanas o mantuvieron la calma al ser faltadas al respeto o víctimas de la injusticia?

El obispo Edir Macedo revela el secreto en su libro El Espíritu Santo. «Esta es una cualidad genuinamente cristiana, pues nadie puede evidenciar un carácter longánimo si no estuviera absolutamente envuelto por el Espíritu del Señor Jesús, porque ser longánimo significa ser paciente para soportar ofensas».

¿Posible para el no cristiano?

Mucha gente hasta bienintencionada, independientemente de su creencia, recurre a meditaciones sin base bíblica, terapias o procuran tratamientos en la medicina para llegar al autocontrol mental. «Sin embargo, aun así, se vuelve imposible, porque no es el autocontrol de la naturaleza humana lo que hará posible este fruto, sino la acción directa del Espíritu Santo en el interior del hombre, la que producirá la paciencia para tolerar las agresiones que esta sociedad nos impone, por el simple hecho de no asociarnos a ella en sus corrupciones. Solo quien pasó por el nuevo nacimiento tiene esta capacidad», aclara el obispo Macedo.

Es necesario actuar

¿Cómo querer atraer almas para Dios sin tener Su Espíritu? Imposible y nada recomendable, pues quien no Lo tiene, no siendo paciente, muestra una conducta desagradable cuando está de mal humor. De esa manera, quien está afuera, en el mundo, siente repulsión por la actitud intempestiva, asociando a los demás cristianos y a la iglesia a ese comportamiento.

De ese modo, la longanimidad es imprescindible para quien desea alcanzar más almas para Dios, como lo muestra el obispo Edir Macedo: «Es exactamente en este tipo de cristiano que se hace más necesaria la observación de este fruto, porque así como el Señor fue probado por el fuego de los que Lo odiaban, intentando hacerlo reaccionar con el mismo nivel de agresividad que recibía para que demostrara vulnerabilidad, de la misma forma las personas lo hacen con aquellos, que, por amor, se esfuerzan por ganarlas para la vida eterna».

Él incluso agrega: «Fue así en la cruz del Calvario. Mientras los hombres ideaban medios para que Jesús sufriera cada vez más, hiriéndolo con clavos en las manos y en los pies, con una corona de espinas en la cabeza y con la sed, el Señor oraba por ellos diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34)».

Sin nivelar por debajo

¿Y cuándo las ofensas suceden? «Puede ser que se encuentre algún no cristiano que lo haga, cuando estas ofensas son justas. Pero cuando son totalmente injustas, ¿quién podrá tolerarlas? Solamente por la fe y por el amor al Señor Jesús el cristiano es capaz de soportar todo y cualquier tipo de injusticia y aun así permanecer firme y longánimo», explica el obispo.

Quien se deja llevar por los sentimientos, sin ser longánimo, cede a la facilidad de rebelarse y cometer desatinos; de los cuales se lamentará después, ya que perderá una oportunidad valiosa de llevar almas para el Altísimo.

«La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa», dicen las Sagradas Escrituras en Proverbios 19:11.

A los ojos de quien no tiene el Espíritu Santo, una persona de Dios que llama la atención por sus actitudes pacíficas puede parecer «blanda», cobarde, al evitar pagar las agresiones con la misma moneda.

Por otro lado, la longanimidad deja una semilla en quien presencia el hecho: la pregunta «¿cómo él/ella logra eso?» es el verdadero testimonio, no hablado, sino puesto en práctica.

Por amor

Es muy importante, incluso, que un cristiano no sea longánimo solamente creyendo que es una obligación, sino por amor a los semejantes.

Si a él realmente le importa la salvación de los otros, además de la de él mismo, concluirá que, sin la paciencia necesaria, no los llevará a ser salvos.

Para finalizar, la longanimidad que viene del Espíritu Santo, además de librar al cristiano genuino de confusiones en el día a día y hacerlo soportar hasta tragedias, es imprescindible para llevarlo a tener perseverancia y a vencer las dificultades hasta cosechar, en el futuro, los frutos del sacrificio, de la creencia sin cuestionamientos, de la oración constante y la vigilancia.

Todo eso es porque él no desiste, es paciente y resistente, mientras que otros dejan de alcanzar sus objetivos —y los de Dios— por ceder a los sentimientos y no dejar que la fe inteligente actúe. Esa es la diferencia.

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