El eterno insatisfecho

El eterno insatisfecho

Por Social Media

Si te sientes así, ve cómo resolver el problema

La variedad de tipos de hombres es muy grande, pero vamos a detenernos en aquellos que siempre están cambiando: los insatisfechos. Aunque no se puede estimar cuál es la cantidad de ellos, podemos afirmar que el número es muy grande. Antes de hablar de ellos, cabe aclarar que no tiene nada de malo cambiar. Las personas cambian y, en muchos casos, eso representa evolución.

Si, por ejemplo, un hombre pasó un periodo de la vida profesional haciendo un buen trabajo en determinada función y recibe un ascenso, se trata de un cambio positivo. Sin embargo, con los insatisfechos la cuestión no es tan simple. No es por casualidad que muchas personas los confundan con los exigentes. En algunas acciones, ellos incluso pueden tener algunas semejanzas, pero son más diferentes de lo que crees.

El hombre exigente quiere cambiar lo que está mal y hacer lo mejor para resolver una situación. En cambio, el insatisfecho quiere cambiar todo, todo el tiempo y, muchas veces, ni tiene un motivo razonable para hacer eso. Es fácil de identificar: el insatisfecho ya tuvo varias novias y no se casó; si constituyó una familia, también ya se separó muchas veces y está fijando un rumbo para el próximo matrimonio. Él también suele tener problemas en el trabajo: reclama de todo y casi nunca permanece en un empleo.

El dicho «una piedra que rueda no acumula musgo» encaja perfectamente en el insatisfecho. Él termina no aferrándose a nada y, muchas veces, no le da valor a lo que es necesario valorar. No obstante, necesita tener cuidado, ya que en esta cuenta entran el matrimonio, los hijos, el trabajo, los amigos y, cuando él se da cuenta de lo que está sucediendo, ya perdió todo y no puede volver atrás.

El problema es que, para el insatisfecho, entre más tenga ropa de las mejores marcas, el mejor coche, la mansión más cara y linda, etcétera, más «feliz» será. El insatisfecho no entiende que, así como en aquel antiguo juego de la infancia de encajar las piezas y figuras geométricas, el círculo no entra en el agujero del cuadrado y el triángulo no cabe en el espacio del rectángulo. En la vida real no es diferente: las personas y las cosas algunas veces tampoco encajan.

La impresión que se tiene es que el insatisfecho siente un vacío desde la infancia. Ese vacío, esa carencia, esa búsqueda de la felicidad y del valor propio se resumen en la búsqueda de cosas y personas, ya que el mundo aplaude a los ricos. No obstante, esa postura se debe principalmente al hecho de que, en el fondo, tal vez el insatisfecho sea bastante inmaduro y tenga dificultad para enfrentar los problemas. Lo peor es que, en realidad, todos los hombres pasan por dificultades, pero, en el caso del insatisfecho, él no quiere asumir la responsabilidad y el desgaste de enfrentar las adversidades —pero ellas siempre existirán aunque él cambie de empleo o de matrimonio.

Si te diste cuenta de que tienes problemas para manejar tus insatisfacciones, necesitas cambiar lo más rápido posible, pero no de la misma forma que el insatisfecho. No sientas vergüenza de buscar ayuda para mejorar. La base de ese cambio positivo y satisfactorio es Dios.

Comprender esa verdad es el primer paso para la búsqueda del Espíritu Santo. Pero, para que sea verdad, debe ser dado.              

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