5 características de quien tiene el Espíritu Santo

5 características de quien tiene el Espíritu Santo

Por Social Media

Conoce las características que un verdadero nacido del Espíritu debe presentar

Mucho se habla del Espíritu Santo y Su importancia en la vida de una persona. Ante tantos retos cotidianos, de tantas embestidas del mal, se vuelve fundamental que el ser humano Lo tenga en su interior para lograr alcanzar la Salvación del alma.

Sin embargo, al apoderarse de una persona, el Espíritu del Altísimo deja en ella Su marca y empieza a representar al propio Dios en la Tierra.

Todas las personas, que un día fueron selladas con el Espíritu de Dios, poseen cinco características que serán explicadas a continuación:

1. Posee el carácter de Dios

Cuando una persona recibe el Espíritu Santo, su carácter está completamente cambiado. El hombre que, anteriormente, poseía un carácter dudoso y malintencionado, empieza a exhalar el carácter de Dios por medio de sus obras.

«Es necesario que tengamos actitudes semejantes a las de nuestro Señor, pues, ¿de qué sirve predicar a Cristo y vivir el anticristo? ¿De qué sirve manifestar amabilidad y simpatía en el púlpito, si cuando bajamos de él, o salimos de la iglesia, cambiamos nuestras actitudes? No podemos ser como el camaleón, que cambia de color según el ambiente en el que se encuentra», enseña el obispo Edir Macedo, en su libro El Carácter de Dios.

2. Anda en los pasos de Jesús

Andar en los caminos del Altísimo es el primer paso de una persona que recibió o desea recibir el Espíritu Santo.

El propio Señor Jesús, cuando estuvo en la Tierra, afirmó que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Además de eso, nadie puede tener acceso al Padre, sino por medio de Él (Juan 14:6).

La persona que es bautizada con el Espíritu Santo anda en Sus caminos y guarda Sus mandamientos, pues, antes que todo, desea agradar a su Señor.

En su libro En los pasos de Jesús, el obispo Edir Macedo explicó que seguir al Señor Jesús es una condición básica para convertirse en un cristiano. «Nadie puede ser cristiano sin seguir al Señor Jesús; así, también, nadie puede ser la sal de la tierra si no ejerce, en su propia vida, los frutos del Espíritu Santo».

3. Vive la fe de Abraham

Abraham es considerado el padre de la fe. Él poseía una fe inestimable en una época en la que no había Biblia o iglesia para enseñar. Él vivía en una sociedad pagana, pero, aun así, era siervo del Dios Altísimo.

Abraham fue probado al tener que dejar su casa y su parentela (Génesis 12:1), al tener que confiar que Dios cumpliría la promesa de convertirlo en un padre de una poderosa nación (Génesis 12:2) y al tener que dar a Su Hijo en sacrificio (Génesis 22:2).

En todas las situaciones, Abraham tenía una sola respuesta: «Heme aquí». Él siempre obedeció a Dios, aunque, aparentemente, fuera difícil.

En el libro La Fe de Abraham, el obispo Edir Macedo aclara que muchos cristianos, lamentablemente, no presentan la calidad de fe que Abraham presentaba.

«La falta de calidad de la fe es justamente la razón por la cual la mayoría de los religiosos no obtiene buenos resultados prácticos, aun teniendo fe en Dios. La vida depende de la fe, pero si la fe es descalificada, la vida también será descalificada», enseñó.

Además de eso, Dios incluso establece que Su pueblo mire a Abraham (Isaías 51:2). «Fue a través de su valor y audacia que él materializó la fe del corazón, cuando ofreció a su hijo Isaac. Además de tener una fe valiente, él era paciente para esperar el cumplimiento de la promesa», reitera el obispo en su libro.

4. Tiene una alianza con Dios

Cuando el ser humano se casa, él empeña su palabra con otra persona. Esa decisión es marcada por una ceremonia, donde hay un intercambio de alianzas delante de familiares y amigos. Esa alianza hace recordar el compromiso que posee con otra persona, independientemente de donde esté.

Después de eso, ellos se convirtieron en una sola carne (Marcos 10:8). Por lo tanto, las decisiones deben ser compartidas, no debe haber secretos, hay total transparencia, compañerismo y fidelidad.

De la misma forma sucede con Dios. Cuando la persona decide entregarse a Él y hacer una alianza, ella coloca a Dios al frente de sus decisiones, es transparente con Él y, sobre todo, es fiel hasta el fin.

5. No tiene nada que perder

A partir del momento en que el ser humano posee el Espíritu de Dios y anda en Sus caminos, su vida está en Sus manos.

Él confía que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que aman a Dios (Romanos 8:28). Por eso, no hay de qué preocuparse. Aunque las situaciones de la vida parezcan desesperantes, no hay qué temer.

Aunque las luchas se levanten, nada es capaz de quitarle la paz que lleva dentro de sí mismo. El obispo Edir Macedo, por ejemplo, ya pasó por diversas situaciones de desprecio, persecución e injusticia. Sin embargo, su fe continuó inquebrantable.

«Nada vale más que mi relación íntima con Dios. Mi Dios, el Espíritu Santo, ocupa el espacio más noble de mi ser. Él es mi tesoro más valioso», destacó el obispo, en su primer libro de la trilogía Nada que perder.

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