Costumbres de la Biblia: los Juegos Olímpicos

Costumbres de la Biblia: los Juegos Olímpicos

Por Social Media

Creado en Grecia, el evento ocurría en la época de la Biblia. Sus deportes fueron adaptados por los Romanos sin el carácter olímpico y actualmente celebra únicamente al deporte a nivel mundial

Los Juegos Olímpicos ya eran realizados en la época de la Biblia. Comenzaron en  Olimpia, Grecia, en el Siglo VIII antes de Cristo (a. C.), y continuaron hasta el Siglo V después de Cristo (d. C.), disputados entre representantes de las ciudades-estado griegas.

Los deportes para entretenimiento, con la presencia de espectadores, solo comenzaron en los períodos griego y romano de la Antigüedad, alrededor del año 170 a. C.

Para los griegos, la salud era un asunto de primera importancia, y los deportes eran una forma de promoverla – su importancia era tal, que en la sociedad griega tenía el mismo estatus que la educación. Las grandes celebraciones de los juegos eran cuatro: Ístmicos, en el Istmo de Corinto; Menéanos, en Nemea; Pitios, en Delfos y Olímpicos, en Olimpia. En algunos de los primeros, además de los deportes, se hacían competiciones de música y poesía.

Los Olímpicos eran los más importantes, y se realizaban cada 4 años. En éstos, se desarrollaban muchas pruebas de carreras a pie, el pentatlón (carreras, saltos, lanzamiento de discos y dardos, y luchas), además de las carreras de carros a caballo (popularizadas en el cine por la famosa escena de la película Ben-Hur), lucha con golpes de puño (muy parecido al boxeo), carreras con armaduras y competencias entre corneteros y heraldos.

Las rígidas reglas determinaban que los competidores entraran en concentración 30 días antes de los juegos, bajo una fuerte supervisión. Ese período de preparación incluía ejercicios y entrenamiento intenso para mantenerse lejos de los excesos.

El trofeo, inicialmente, era la rama de una palmera, la cual fuera sustituida más tarde por una corona de ramos de olivo o de laurel, utilizada metafóricamente en la Biblia, una que otra vez:

«Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria» (1 Pedro 5:4).

Así como hoy, algunas conversaciones informales tienen como premisa el fútbol, en aquellos tiempos, sucedía lo mismo con los Juegos Olímpicos.

El pugilismo (boxeo) ya contaba con guantes. Mano y antebrazos eran envueltos en cuero blando en los primeros asaltos. Vencía quien derribara primero al oponente. En el caso que la lucha estuviera muy equilibrada y el desenlace se demorara, había un cambio; usaban guantes de cuero con tachas de metal. Resultado: sangre, lo que, en realidad, en la platea muchos querían ver.

Juegos «no olímpicos» y más públicos

De los griegos a los romanos, el hecho de que los deportes tengan un público presente, alcanzó mucho más peso. No se disputaban en olimpíadas, como era la costumbre de Grecia, pero fueron adaptados. Cualquier clase podía asistir a los juegos, y se construyeron grandes estadios. Al principio, no existía la costumbre de los asientos reservados. Quienes llegaban primero ocupaban los mejores lugares.

En la arena, los prisioneros (precisamente o no) eran obligados a luchar con fieras como leones, tigres, osos, hienas e incluso elefantes. El apóstol Pablo usó esa costumbre como símbolo, para ejemplificar su lucha en la evangelización:

«Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿de qué me sirve? Si los muertos no resucitan, «Comamos y bebamos, porque mañana moriremos.»» (1 Corintios 15:32).

Los primeros competidores del día usaban armaduras. Pero para aumentar la sed de sangre del público, luchaban sin estas en los últimos combates.

Otros que combatían en la arena eran los gladiadores, esclavos entrenados para este fin. La costumbre tuvo origen en los funerales de hombres importantes, como forma de matar a sus esclavos. Como a los espectadores les gustó mucho las sangrientas luchas, las competencias obtuvieron el patrocinio del Estado, pues tenían una importancia equivalente a los grandes campeonatos de fútbol o béisbol, de hoy en día. La película «Gladiador», protagonizado por Russell Crowe, muestra mucho los bastidores de esta práctica. Se practicaba también la lucha en conjunto: 85 guerreros de cada lado, que debían luchar hasta que quedara solo uno. De acuerdo con la partida, el emperador, un noble presente o incluso el público votaban por la supervivencia o muerte del vencido, expresándolo con el tradicional gesto del pulgar hacia arriba o hacia abajo. En el famoso Coliseo de Roma, muchos criminales y, más que nada, cristianos perseguidos por los romanos, fueron brutalmente asesinados por el filo de instrumentos cortantes y por fieras para la «diversión» del público.

La carrera de carros a caballo llevaba a miles de personas a los hipódromos. Las pequeñas carrozas de metal y madera, con el frente protegido, contaban con un conductor atado al carro, puesto que podrían sufrir grandes sacudidas. Generalmente, al vencedor, le daban siete vueltas en el estadio, luciendo la corona de laureles. Los corredores, mayormente protegidos por yelmos y armaduras, la mayoría de las veces competían en nombre de un patrón, que compraba el equipamiento, los caballos y pagaba el entrenamiento, ganando en las apuestas sobre el resultado de las carreras.

Era moderna

Se realizaron varios intentos en la era moderna, para traer de vuelta los Juegos Olímpicos. La iniciativa que los introdujo efectivamente a la historia fue realizada en Francia: la primera Olimpíada moderna, de 1896, fue en Atenas, en homenaje al país que creó los juegos.

En 1894, inspirado por las Olimpíadas que ya había presenciado (las otras tentativas citadas), el varón francés Pierre de Coubertin fundó el Comité Olímpico Internacional (COI), y la primera competencia ocurrió 2 años después, adaptada para el nuevo contexto mundial, con diversos países entre los participantes. Con el tiempo, los deportes de inverno conquistaron una fecha aparte, 2 años antes de las olimpíadas tradicionales, pero también oficiales y coordinados por el COI.

Hoy, todos los continentes participan del evento, simbolizados por los cinco anillos coloridos del tradicional logotipo.

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