¡Él vino para afrentar!

¡Él vino para afrentar!

Por Departamento Web

Leyendo el texto de 2 Crónicas 32, me di cuenta de que hoy estamos viviendo el mismo escenario.

El rey Ezequías acababa de lograr que todas las personas se volvieran a Dios. Purificó el templo, restauró el culto de Dios, hizo reformas, restauró la celebración de la Pascua, y toda la nación prosperó porque había hecho lo que era bueno, recto y verdadero ante Dios.

“Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas.” 2 Crónicas 32:1

Este virus es una representación de Senaquerib.

Vino para afrentar y ya ha entrado en muchas (ciudades, países) para “intentar“ apoderarse de todo y de todos.

“¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? ¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?” 2 Crónicas 32:13-15

El virus (Senaquerib) se muestra “fuerte“ a través de su facilidad de contagio y por las muertes que ya causó en todo el mundo, tratando de poner pavor en todos los pueblos y naciones.

Muchas de las noticias que se transmiten en los medios de comunicación son como las que los siervos de Senaquerib le dijeron al pueblo de Jerusalén.

“Y otras cosas más hablaron sus siervos contra el Señor Dios, y contra Su siervo Ezequías. Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra el Señor Dios de Israel, y hablaba contra Él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al Suyo de mis manos. Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad.” 2 Crónicas 32: 16-18

Parece algo invencible, imbatible, indestructible, ya que todavía no existe cura para este virus.

La única solución es hacer lo que el rey Ezequías y el profeta Isaías hicieron:

“Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. Y el Señor envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos. Así salvó el Señor a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados.” 2 Crónicas 32:20-22

Extraído del blog del obispo Edir Macedo

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