Cuidado con Judas

Cuidado con Judas

Por Departamento Web

«… para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.» Hechos 1:25

Es sofocante, triste y vergonzoso para una persona estar en un lugar determinado y sentirse como un pez fuera del agua. ¿Y qué decir de aquella persona que realiza una determinada función que no tiene nada que ver con sus principios y capacitación?

Ciertamente, debe sentirse fuera de lugar, insatisfecha y muy desanimada, como si llevara una carga sobre su espalda todos los días. Incluso logra realizar su trabajo, porque aprendió cómo ejecutar bien sus funciones, sin embargo, su pensamiento está siempre en otra cosa, deseando estar en otro lugar.

Me imagino cómo debe haberse sentido Judas al lado del Señor Jesús y de los demás discípulos, ya que él no era sincero. Andaba con los discípulos, se comportaba como uno de ellos, curaba, liberaba a las personas de los demonios e incluso llevaba la Palabra del Señor Jesús a los afligidos, sin embargo, sus actitudes estaban llenas de hipocresía y falsedad. Judas nunca abandonó sus proyectos personales, nunca Le entregó su vida de hecho y de verdad al Maestro.

Creo que por su mente debe haber pasado el siguiente pensamiento: «Este no es mi lugar». A fin de cuentas, sus actitudes y reacciones mostraban exactamente eso, porque en lugar de preocuparse por los sufridos, Judas se preocupaba más por robar la bolsa de las ofrendas. Vea:

«Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.» Juan 12:6

Judas anduvo con el Señor Jesús; Lo conoció en Su intimidad; tuvo grandes experiencias con Su Poder, oyó palabras maravillosas de Su boca que no fueron escritas en los Evangelios; Lo sirvió por un tiempo, pero la verdad es que al lado del Mesías nunca fue su lugar. Su avaricia y falsedad lo llevaron a su propio lugar.

Sepa que servir a Dios va mucho más allá de simplemente hacer el trabajo o seguir una dirección que le hayan pasado. Servirlo significa tener intimidad con Él, ejecutar Su voluntad, pensar como Él piensa, negarse a sí mismo, no vivir más para este mundo y no tener más proyectos o sueños personales.

Servirlo también significa amarlo a tal punto que nada de lo que se hace para Él es agotador o se convierte en una carga con el tiempo. Por lo contrario, cada día se vuelve más agradable y placentero dedicarle la vida a Su Reino.

El verdadero siervo quiere estar donde está su Señor, es decir, junto a los afligidos, perdidos y necesitados (Isaías 57:15).

El verdadero siervo no piensa en sí mismo, no está preocupado por su futuro, ni siquiera por dónde estará mañana. Sus maletas siempre están listas. De hecho, él siempre está listo para ser enviado a cualquier parte del mundo, porque su deseo es estar donde su Señor quiere que esté. ¡Es lo único que importa! Y debido a este deseo de hacer siempre lo que Le agrada, nunca se sentirá fuera de lugar, ni siquiera ofendido, porque su mayor alegría es servirlo y honrarlo.

Quien sirve a Dios con sinceridad y desea agradarlo por encima de todas las cosas, tiene el privilegio de poder estar en Su presencia, de ser guardado y guiado por Él. Por eso, no hay duda ni miedo de entregarse a Su Voluntad. Al contrario, hay fe, seguridad, certeza y paz de estar en el lugar correcto haciendo la voluntad de su Señor.

No existe nada, ni siquiera un trabajo en este mundo que esté a la altura del privilegio de ser un siervo del Altísimo. Y aunque vengan luchas y persecuciones, la recompensa que viene de lo Alto es infinitamente mayor que cualquier aflicción. Es una honra estar en el lugar que Dios escogió para que Lo sirvamos.

Y aquellos que son de Dios permanecen hasta el fin, préstele atención a este texto de 1 Juan 2:19:

Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

¡Que Dios ilumine su entendimiento y bendiga a todos los que creen!

Colaboró: Obispo Sidnei Marques

Extraído del blog del obispo Edir Macedo

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