La elección que le corresponde a cada uno

La elección que le corresponde a cada uno

Por Social Media

La decisión del príncipe Harry de dejar la realeza conlleva a una reflexión sobre la vida espiritual: ¿qué impacto tienen sus decisiones en su salvación?

El año nuevo llegó y con esto se divulgó una noticia que tomó a todo el mundo por sorpresa. El príncipe Harry, de 35 años, y su esposa, Meghan Markle, de 38, pareja perteneciente a la familia real británica, anunció que dejaría la realeza y se mudaría a Canadá. Muchos factores parecen haber sido decisivos, entre estos una cierta incomodidad ocasionada por la constante exposición a los medios de comunicación y a la educación de su hijo, Archie (de tan solo ocho meses), que, a partir de esa decisión, podrá llevarse a cabo de forma más reservada.

No obstante, lo que parece haber pesado más en la decisión fue el deseo de independencia financiera, como se explica en un comunicado oficial: «Después de muchos meses de reflexión […]. Tenemos la intención de dar un paso atrás como miembros de la familia real y trabajar para ser financieramente independientes, mientras continuamos apoyando plenamente a Su Majestad, la Reina. […] Ahora planeamos equilibrar nuestro tiempo entre el Reino Unido y América del Norte […]. Este equilibrio geográfico nos permitirá criar a nuestro hijo con un aprecio de la tradición real en la que nació, al tiempo que nos dará como familia el espacio para centrarnos en el siguiente capítulo, incluido el lanzamiento de nuestra organización caritativa».

Sin embargo, por el hecho de no poder disfrutar lo mejor de los dos mundos, los entonces duques de Sussex necesitarán renunciar al título de «alteza real» y a sus privilegios para tener una vida común. Harry sería el sexto en la línea sucesoria de la familia británica, por detrás de su padre (el príncipe Carlos), de su hermano mayor (el príncipe William) y de los tres hijos que este último tuvo con la duquesa de Cambridge, Kate Middleton.

Comparación espiritual

Independientemente de los motivos y de la vasta opinión y análisis público en cuanto a la resolución de la pareja británica, es importante hacer una reflexión espiritual que puede abordarse a partir de este hecho: de la misma forma que nadie espera que un príncipe renuncie a su realeza, un padre no espera que un hijo, que está bajo su dependencia, se vaya de casa. En este caso, Dios, como Padre, no espera que un hijo se distancie de él, pero, aun así, Él respeta esa decisión ya que nos dio libre albedrío a cada uno de nosotros. Pero, como dice un dicho popular, para cada elección hay una renuncia. Y, en el mundo espiritual, el problema es renunciar a la salvación sin que el motivo importe.

Muchos están dentro de la Iglesia, ya sea como miembros, obreros, pastores y otros encargados eclesiásticos, y dicen estar sofocados por sus respectivas «responsabilidades» espirituales (lo cual incluye evitar el pecado que los aparta de Dios o aceptar una orientación espiritual que los haría tragarse su propio orgullo, entre otros) y, por eso, deciden respirar otros aires.

El derecho de ser feliz en otro lugar –como si antes no lo fueran– «lejos» de Dios y de los «ojos ajenos» muchas veces ha sustentado de forma vacía un cuento de hadas mal contado, una vez que el abismo entre el hombre y el paraíso se establece y la Salvación, tan preciosa, puede desaparecer.

En el libro de Lucas, en el capítulo 15, versículo 8, una parábola relata la historia de una mujer que perdió una dracma dentro de su casa: «¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?». Y así es como Dios hace con los que Lo sirven, pues muchos frecuentan la Iglesia, pero están tibios, perdidos, se encuentran lejos de Dios y su vida es reflejo de eso.

¿Cuál es su decisión?

Todos los días necesitamos hacer elecciones importantes, como un cambio de casa o una nueva carrera, pero ninguna se compara con la decisión espiritual que necesitamos hacer diariamente.

Hay quien decide mantenerse en una condición espiritual poco profunda, pues se contenta con recibir información, en lugar de sumergirse en una intimidad con Dios por medio de Su Palabra. A causa del ajetreo diario y con pequeñas actitudes, podemos apartarnos de Él y perder el enfoque de la Salvación.

Por su parte, otros coquetean abiertamente con el pecado. Pero usted puede elegir la buena parte, que es conocer a Dios de verdad y mantener una relación íntima con Él, y esa elección no puede ser arrebatada por nadie. La decisión es suya.

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