¿Pecar por amor?

¿Pecar por amor?

Por Departamento Web

Cuidado: no desagrade al Altísimo para agradar a alguien. Mucho menos peque para intentar proteger a otra persona

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos brinda detalles importantes al respecto del pecado que ocurrió en el Edén. Él dijo que Eva fue seducida, engañada, sin embargo, Adán no.

“y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.” (1 Timoteo 2:14).

Desde el primer momento, entendemos que este fragmento responsabiliza con mayor culpa a la mujer, pero ampliando nuestra comprensión, vemos que recae sobre el hombre un pecado inconsciente. Es decir, Eva quiso ser empoderada de conocimiento, conforme a lo que la serpiente le prometió que sería. Sin embargo, cuando Adán recibió el fruto de la mano de su esposa, él desobedeció sabiendo bien qué significaba aquel acto.

Satanás no invirtió en tentar a Adán, porque vio en él fuerza para resistirlo. Pero, en el hombre no hubo esa misma capacidad y resistencia para rechazar las palabras de Eva.

Con seguridad, al que ver su mujer comió del fruto, él se acordó de las consecuencias que vendrían sobre ella. Lo que pasó en su mente en aquellos instantes fatídicos es difícil de saber…

Puede ser que para no dejarla sola en el error y verla morir, Adán decidió comer también. Puede ser que, con miedo de quedarse solo nuevamente, eligió volverse culpable ante Dios.

Bien…

Sea cual sea el motivo de la decisión de Adán, su desobediencia reveló que él valoró más a la criatura que al Creador; más a la bendición que al Bendecidor. Adán amó más la compañía de Eva que la presencia del Todopoderoso todas las tardes con ellos en el jardín. Consideró más la palabra de la mujer que la Palabra de Dios.

Entonces, volver al Edén, nos ayuda a entender la historia que se repite en nuestros día en las relaciones. Muchos cónyuges, amigos y funcionarios cristianos también se equivocan por complicidad. Y eso hace que el fallo sea grave, pues es un rechazo consciente de los Mandamientos de Dios.

¿Cuántos no tienen pecado por amar y honrar más al marido, a la esposa, al marido o al jefe que al propio Señor?

¿Cuántos no están violentando su alma para acompañar a otros en el camino de la muerte?

Hacen eso sin engaño, sin ninguna promesa ilusoria y sin ningún diálogo con el diablo. Cambian su comunión con Dios por ser amantes de sí mismos. Pecan al seguir sentimientos que los hacen incumplir, voluntariamente, el primer y mayor mandamiento, que es amar a Dios sobre todo y todos.

Por lo tanto, no desagrade al Altísimo para agradar a alguien. Mucho menos peque para intentar proteger a otra persona. Sea quien sea.

Toda transgresión es un camino de dolor, sufrimiento y muerte espiritual. Por lo tanto, no sirve tener a su lado a la persona que usted ama, pero que le hace pecar. La satisfacción por el afecto recibido a su lado no va a aliviar, en absoluto, su aflicción y tormento provocados por la oposición a Dios. Y sepa que, para muchos, ¡ese camino de iniquidad puede ser sin vuelta atrás!

Por Núbia Siqueira

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