En medio de la crisis, pusieron su fe a prueba y sucedió lo extraordinario

En medio de la crisis, pusieron su fe a prueba y sucedió lo extraordinario

Por Departamento Web

Para muchos investigadores bíblicos, uno de los sucesos extraordinarios y de mayor impacto es narrado en el libro de Éxodo, capítulo 14, cuando Moisés abre las aguas del Mar Rojo y salva al pueblo de Israel de ser masacrados por los egipcios. ¡Increíble! ¿Verdad?
Imagina la escena: un pueblo que huye de sus opresores y, enfrente, un inmenso mar que les impide el paso, ¿qué hacer ante tal situación? Seguramente fue muy grande la angustia que sintieron los israelitas al verse acorralados. Según narran las Sagradas Escrituras, la desesperación fue tanta que comenzaron a reclamarle a Moisés diciéndole que era mejor que se hubieran quedado en Egipto.
En días actuales así sucede con muchas personas: al ver llegar los problemas, le reclaman a Dios por no tener lo que quisieran, se enojan con la vida, se amargan, pero aun así su situación sigue igual. Incluso, la ira no les permite ver que quieren resolver los conflictos con las mismas acciones que durante años les han dado los mismos resultados.

¿Reclamar es la solución?
Es entendible que, en el momento de angustia, la visión de los hebreos se bloqueara. Sin embargo, de acuerdo a lo mostrado por Dios a través de diversos pasajes bíblicos, la acción y la confianza en Él cambian un escenario catastrófico en una oportunidad.
«Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Dios hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. El Señor peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» (Éxodo 14:13-14).
El pueblo de Israel tenía dos opciones: seguir reclamando o confiar en lo que Moisés decía, pero no solo necesitaban confiar, también tenían que probar su fe haciendo lo que el Señor le indicaba a su libertador.
La Biblia explica que solo así el pueblo pudo ver la grandeza de Dios y sucedió lo extraordinario: el mar se abrió y ellos pasaron por en medio; pero no solo eso, también tuvieron que mantener la confianza de que las aguas permanecerían abiertas para salvarlos, estas solo se cerraron para ahogar a sus enemigos.

Un acto de fe puede transformarlo todo
Posiblemente tu caso es como el de Israel, los problemas te han acorralado a tal punto que solo has reclamado porque no se abren las oportunidades para ti. No obstante, ahora sabes que un acto de fe puede transformar tu historia. Tú puedes probar a Dios y hacer que actúe a tu favor de manera sorprendente. En la pág. 8 y 9 verás casos de éxito de quienes creyeron en esto, probaron su fe y hoy tienen más de lo que alguna vez imaginaron.
Este 17 de noviembre, obispos y pastores de la Universal estarán llevando los nombres de los diezmistas fieles al Mar Rojo, para que allá sea elevado un clamor a su favor. Por la fe, esas dificultades que le han cerrado el paso a tu progreso, quedarán sepultadas abriéndole camino a las bendiciones que el Señor tiene para los que creen en Él y lo obedecen probando su fe.
Para saber más sobre el tema, acude a la Universal más cercana a ti (encuentra las direcciones en la pág. 14) o bien participa este domingo a las 9:25 de la mañana en el Templo de los Milagros ubicado en Av. Revolución núm. 253, col. Tacubaya. La transformación de vida que tanto anhelas está a un paso de fe.

¿Cómo probar a Dios?

La palabra diezmo deriva del término en hebreo «asar», que significa diez o décima parte. Pero este término, según su raíz, quiere decir acumular, crecer, enriquecer. O sea, de acuerdo con esta raíz, cuando entregamos a Dios la décima parte de lo que llega a nuestras manos, estamos siendo agradecidos por lo que Él nos da.
Ahora bien, en la Biblia la única vez que Dios dice que se le pruebe, es justamente cuando pide al pueblo de Israel llevar los diezmos al alfolí, pero también da su palabra de dar abundancia: «Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Señor de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.» (Malaquías 3:10)
Quizá para muchos, sea una locura dar el diezmo. También era una locura que el Mar Rojo se abriera para que el pueblo de Israel pasara y sucedió. Javier, Alejandro y Raúl (lee la pág. 8 y 9 para mayor referencia) decidieron probar a Dios, usaron su fe y hoy su historia es otra.
Y es que cuando Dios promete algo, es imposible que no suceda si uno hace lo que Él estipula, pues su palabra lo afirma: «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?» (Números 2:19)
Y tú, ¿te atreverías a probarlo?

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