Vigile su mente

Vigile su mente

Por Departamento Web

El escritor y conferencista canadiense T. Harv Eker se volvió famoso por el siguiente razonamiento: “Los pensamientos conducen a sentimientos; los sentimientos conducen a acciones; y las acciones conducen a resultados”.

Y necesitamos admitir que muchas acciones lamentables de un hombre nacen de pensamientos equivocados. Son actitudes de machismo, agresiones, traición, peleas, disputas de poder y hasta vanidad exagerada que le rinden bromas de quien está a su alrededor. Cuando el Señor Jesús recomienda “velad y orad” (Mateo 26:41), Él se refiere justamente a luchar contra las tentaciones. Y ¿qué es una tentación si no un mal pensamiento que incluso puede generar un deseo catastrófico?

En este portal, ya se habló en artículos anteriores el hecho de que un hombre se enfoca en una cosa a la vez. Dicho aspecto sería algo bueno si en la mente solo hubiera lugar para un pensamiento a la vez y, si este fuera positivo, uno malo no ocuparía el mismo espacio.

Sin embargo, no es lo que sucede. Si un sujeto llega desanimado a casa después de un día infructuoso, el cual disminuyó sus buenas perspectivas con respecto a la vida, alimenta pensamientos negativos de que no logrará prosperar y que no podrá obtener buenos cambios, entonces, la frustración viene a su mente. No es raro que él desquite esos sentimientos generados por los pensamientos en su esposa e hijos y no logre disfrutar un hobby, incluso pueden ocasionarse problemas de salud y participación con los vicios.

Pero, si él usa la razón y logra identificar el problema, será capaz de cuestionar ese pensamiento y notará que empezó a pensar basado en las circunstancias y se volvió inseguro y ansioso. De esa forma, cuando identifica el mal, la reacción negativa es quebrada inmediatamente desde el inicio y él no cae en la tentación.

Un mal pensamiento tiene efecto destructivo en dos tiempos: hace que el hombre vuelva constantemente al pasado y le dé vueltas a aquel error y compromete el futuro, pues genera ansiedad sobre lo que aún no ha sucedido. Y ¿en dónde queda el presente? Este es el punto: el mal pensamiento quita su enfoque de él. Y el pensamiento que debe ser evitado y sustituido por otro ocurre exactamente en este tiempo.

El filósofo y escritor franco argelino Albert Camus (1913-1960) dijo que “la grandeza del hombre consiste en su decisión de ser más fuerte que la condición humana”. Esto tiene sentido incluso espiritualmente: el individuo que recibió el Espíritu Santo tiene la sabiduría y el discernimiento provenientes de Dios para saber lidiar con sus pensamientos, negando y apartando a los malos. Decidiéndose a mantenerse en comunión con Él, también recibe los buenos pensamientos para conducir su vida por encima de las capacidades netamente terrenales. Al final, ¿qué mal pensamiento prospera en aquel que tiene el pensamiento de Dios?

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