Viva con propósito

Viva con propósito

Por Departamento Web

Aunque parezca que somos dueños de nosotros mismos, ni siquiera tenemos autonomía sobre lo que es más primordial: el día que partiremos de este mundo

Las personas hacen tantos planes para el futuro, invierten con intensidad en el mañana, y planean sueños y metas, como si tuvieran el control de sus vidas.

Muchos no consideran que hoy estamos bien y mañana podemos no estarlo, porque, a pesar de que parezca que somos dueños de nosotros mismos, ni siquiera tenemos autonomía sobre lo que es más primordial: el día que partiremos de este mundo.

Quien ya perdió de modo inesperado a un familiar o amigo, sabe bien de la brevedad de la vida y cuánto esta nos puede sorprender. Pienso que el cementerio es el lugar que más ejemplifica esto, porque, muchos de los que están allí se juzgaban tan saludables para morir, tan indispensables en su familia y en su trabajo como para ausentarse por un solo día. Otros tenían amistades con tanta conexión que creían que eran compañeros inseparables.

Cuánta ilusión, ¿no es así?

La muerte iguala a todos los hombres, pero la manera como decidimos vivir nos separará eternamente.

Por eso, ¿por qué no reflexionar sobre cuánto tiempo más viviremos en este mundo? ¿Pero cuántos veranos o cuántos inviernos contemplaremos? ¿Cuál será el día en el que nos despediremos de un ser querido y no lo veremos más, por su partida o la nuestra? ¿Cuál será nuestro último día de vida?

Hay quienes piensan en este tipo de tema y, entonces, deciden disfrutar la vida en el sentido de aprovechar las diversiones y placeres al máximo. Pues acordarse de la enfermedad de la vida hace que la mayoría de los seres humanos se enfoquen y se apeguen a lo que es terrenal y no a lo que es celestial.

Pero, según las Sagradas Escrituras, lo que hace valer el alto privilegio de vivir no es realizar nuestros deseos, sino vivir para agradar a Dios, ya que, seguramente, vamos a reunirnos con Él para rendir cuentas de cada día que nos fue concedido. Se vive bien cuando se vive para la gloria de Dios.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Voy a explicar mejor esta enseñanza bíblica. Todo lo que pensamos, hacemos o deseamos ser o tener debe honrar a nuestro SEÑOR. Si en lo que es más trivial y que hacemos con tanta frecuencia, como comer y beber, necesitamos glorificar a Dios, cuánto más las demás cuestiones de la vida.

Tenemos que tener en mente que, desde las actitudes más insignificantes del día a día, hasta las más importantes, todo debe promover el bien, la honestidad, la buena consciencia, el carácter, la justicia… en fin, atribuir alabanza a Aquel a Quien le pertenece la Tierra y todo lo que existe en ella, inclusive nosotros.

Por lo tanto, la legislación que rige la Ley Divina es: si una acción nuestra, por pequeña que sea, no edifica, no alienta, no bendice al otro, inmediatamente debe ser rechazada.

Esta vida no lo es todo, pero la que viene después, sí. En el porvenir, el sufrimiento o descanso serán eternos. Si aquí todo es fugaz y pasajero, allá será permanente para siempre.

Aprendamos todos a vivir con el propósito de honrar a Dios, porque, eso definirá la entrada en un futuro que será, en realidad, nuestro perpetuamente.

Por Núbia Siqueira

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