Dicen controlar la adicción, pero en realidad ella los controla

Dicen controlar la adicción, pero en realidad ella los controla

Por Editores 2

Los adictos no controlan sus actos y tie­nen una compulsión por consumir al­cohol, drogas u otras sustancias que los hace comportarse de manera destructi­va, poniendo en riesgo su salud, lastimando a sus amistades, familia o arriesgando sus trabajos.

Investigadores finan­ciados por el Instituto Nacional de la Salud, NIH, por sus siglas en inglés, descubrieron cambios físicos —en el cerebro de personas adictas — que son esenciales para el buen juicio, el aprendi­zaje, la memoria, la toma de decisiones y el comportamiento.

¿Cuántas mujeres embarazadas to­man o se drogan? ¿Cuántas personas alcoholizadas se sientan delante de un volante? ¿Cuántos más han sufrido una congestión alcohólica o una sobredosis dejando un eco de dolor y sufrimiento en su familia? Al respecto, la Dra. Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) explica que «cuando la corteza frontal del cere­bro no funciona correctamente, las per­sonas no pueden tomar la decisión de dejar de consumir drogas. Aun cuando se percatan que el precio por hacerlo es extremadamente alto y peligroso».

Los científicos llega­ron a la conclusión de que cuando una per­sona comienza a drogarse, tal vez per­ciba ciertos efectos positivos, llegando a creer, incluso, que puede controlar el consumo, pero que las drogas se pueden apoderar muy rápido de la vida de una persona.

«La adicción es una enfermedad de­vastadora, con una tasa de muerte rela­tivamente alta y, sin tratamiento, puede traer consecuencias sociales graves», fi­nalizó Volkow.

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«Mi adicción me convirtió en alguien que no quería»

Las drogas pueden apoderarse muy rápido de la vida de una persona

«De niño recibí malos tratos de mi padre y, aunque prometí que de adulto sería distinto, tomé el mal camino: me hice adicto a la cocaína, inhalaba pega­mento, fumaba y tomaba.

Al casarme golpeaba a mi esposa, ambos fuimos infieles y una vez intenté matarla. Ella nunca imaginó lo que estu­ve a punto de hacer.

Cuando mi mamá me invitó a la Uni­versal me rehusé a ir; sin embargo, fue una grata sorpresa el día que acepté, parecía como si me hubieran quitado una carga y me sentí aliviado.

Usando mi fe, me liberé de los vicios y del dolor interno. Mi carácter se vol­vió noble y siempre dispuesto a agradar a Dios.

Mi adicción me convirtió en alguien que no quería, pero Dios me transformó en el hombre que siempre anhelé ser.» -Alberto Méndez

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