Hipócrita, ¿yo?

Hipócrita, ¿yo?

Por Editores 2

Vea cómo la hipocresía está infiltrada en el medio cristiano y, lamentablemente, ha llevado a muchos a la ceguera espiritual

La hipocresía es un mal intrínseco de la sociedad contemporánea.

Hoy, ser políticamente correcto es lo que está de moda, al final, es necesario agradar a los demás para ser aceptado. La sinceridad y transparencia generan malestar y, por eso, no las recomiendan.

Cuidado, el ministerio de la hipocresía advierte lo siguiente: ser sincero puede ocasionar daños irreversibles para su reputación.

Sin embargo, lo que más preocupa es el hecho de que esa hipocresía también esté infiltrada —aunque bajo varios disfraces— en el medio cristiano, contrariando la esencia del Cristianismo, que se basa en la Verdad que libera.

Pues, si hay algo que Jesús condenaba con vehemencia es la hipocresía.

Pero, lamentablemente, en el medio cristiano las personas asocian —únicamente— al hipócrita con la persona que no pone en práctica lo que enseña, o que en la iglesia tiene un comportamiento y afuera tiene otro. Sin embargo, la verdad es que eso solo es una de las caras de la hipocresía.

¿Cómo enfrentó Jesús a los hipócritas?

En varias ocasiones, Jesús les advirtió a los fariseos a causa de la hipocresía. Sin embargo, ellos no escucharon. Porque no se veían de esa manera.

Cristiane Cardoso explica que la persona que está en esa condición tiene una visión muy diferente de quien es, pues, normalmente, se basa en lo que hace.

Ella cita como ejemplo a los propios fariseos de la época de Jesús que incluso fueron los responsables de Su crucifixión.

Ellos amaban la posición que ocupaban, les gustaba ostentar el título que poseían, pues sabían que era lo que les aseguraba el respeto de los demás, ya que tenían consciencia de que ni remotamente eran lo que demostraban ser.

Esto explica porqué se sintieron amenazados por la popularidad de Jesús. Un hombre simple, hijo de un carpintero, que no poseía ningún título o autoridad de este mundo, sino que con Sus Palabras conquistó el respeto, el amor y la admiración del pueblo.

Aunque Jesús pudiera haber usado la Autoridad que tenía, no la impuso. No obstante, el pueblo la reconocía, por eso, Lo seguía.

El cristiano y la hipocresía

Al respecto de ellos, el obispo Edir Macedo señaló que “por fuera, ellos se mostraban santos y espirituales, pero, por dentro, estaban totalmente podridos y corrompidos. Aquellos líderes religiosos no tenían ética ni rectitud, y la única preocupación que tenían era mostrarles a las personas una falsa santidad. La falta de temor a Dios y las cuestiones sagradas los volvía ciegos y muertos espiritualmente”.

Así también se han comportado muchos cristianos que ocupan cargos en la iglesia. ¿Cuántos no son los que saben que no están bien espiritualmente, pero no piden ayuda por miedo de perder la posición que ocupan?

De esa manera, empiezan a vivir disimuladamente. Prefieren poner en riesgo la propia Salvación que correr el riesgo de perder el respeto y la admiración de los demás.

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¿Acaso existe un “ay” para usted?

“La persona que no es nacida de Dios, muchas veces, es mucho más activa en la obra de Dios que en lo que es. Porque ella quiere probarle a todo el mundo que tiene el Espíritu Santo. Por eso, siempre está en la iglesia, se involucra en varias actividades y nunca dice ‘no’, porque ella quiere compensar con las obras lo que no tiene”, señala Cristiane Cardoso.

Incluso agrega que, por esa razón, cuando el hipócrita es desenmascarado, se siente víctima de la injusticia, porque no acepta ser llamado de esa manera. Ese es el gran problema. Él no se ve como tal, por eso, es muy difícil ayudarlo.

Por esta razón, Jesús dijo: “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” (Mateo 23:13-39).

No obstante, si usted, en este momento, reconoce que ha sido hipócrita, entonces, sí hay perdón y Salvación para usted. Si, de hecho, desea arreglarse con Dios, sea sincero y confiese la verdad.

De lo contrario, inevitablemente, lo que quedará para usted es un “Ay”. Piénselo.

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