Depresión posparto: más intensa que una depresión general

Depresión posparto: más intensa que una depresión general

Por Departamento Web

«Un día que intentaba dormir a mi hijo de seis meses vi varias arañas arrastrándose encima de él. Mi primera reacción fue golpearlo con una almohada para quitarlas… después me di cuenta de que no había ningún animal. Fui con el doctor y dijo que estaba teniendo un episodio psicótico debido a la depresión posparto y a un trastorno de estrés postraumático. ¡Me quise morir, no quería dañar a mi bebé!», contó una persona anónima en un portal para mujeres que sufren depresión posparto.

De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, este padecimiento es un trastorno mental severo que afecta al 56% de las mujeres en México y Estados Unidos durante los primeros meses después del alumbramiento.

La tristeza que una mujer podría sentir después del parto, debido a los cambios hormonales, duraría apenas dos semanas, no es imposible de manejar y es distinta a la depresión; pero, si los sentimientos de angustia, dolor emocional o indiferencia no desaparecen o no logran controlarse, es necesario buscar ayuda.

«La depresión posparto es un síndrome que ataca el pensamiento, la emoción y la función orgánica de la mujer. Por eso requiere tratamiento multidisciplinario con ginecólogos que manejen la cuestión hormonal y psiquíatras o psicólogos para medicar en caso necesario», explica el ginecólogo Gerardo Aurioles.

Según los expertos, algunos factores de riesgo podrían aumentar la probabilidad de sufrirla, como:

• Ser menor de 20 años o mayor de 35
• Antecedentes familiares depresivos
• Conflictos con la pareja, no sentir su apoyo
• Factores ambientales (embarazo complicado, cambios hormonales, episodios de estrés familiar)

Con la ayuda adecuada es posible vencer este padecimiento.

«Tres veces quise matarte porque ya no podía con la depresión»

«Por unos problemas familiares y también porque estaba enferma, caí en depresión. Tres veces quise matarme porque para mí la vida no tenía sentido. Como mujer no me sentía valiosa, mi autoestima estaba en el suelo; pensé que jamás alguien podría fijarse, pues me sentía fea y nada agradable.

Estando sola en mi cuarto, cerraba las cortinas, apagaba la luz y le subía el volumen a la música, así evitaba que me oyeran llorando; lo hacía durante varias horas. Ni siquiera yo entendía qué me pasaba.

Me invitaron al Templo de los Milagros, pero al principio me negué a ir. Me insistían tanto que un día dije: “bueno, vamos a ver qué hay en ese lugar”. Y sinceramente fue mejor de lo que podría haber imaginado; me sentí tan bien que no dudé en volver.

Al relacionarme con Dios por medio de las oraciones, la lectura bíblica y el uso de mi fe, el vacío y las ganas de morir desapareció. Le encontré gusto a la vida, mis fuerzas fueron renovadas e incluso mi familia fue bendecida porque los problemas se terminaron y hay unión entre nosotros. Incluso me casé. Dios me dio razones para vivir y la primera es Él.» -Claudia Rodríguez

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