Dios la familia y el hombre

Dios la familia y el hombre

Por Departamento Web

Él es hombre. Siempre está en acción. El trabajo o la búsqueda de alcanzar sus objetivos, ya sea cursando la facultad, estudiando una lengua extranjera o haciendo una especialización para que su vida evolucione, toman gran parte de su tiempo. Además de batallar todo el día, no olvida reservar un tiempo para el ocio, para cuidar su salud, practicando algún deporte o yendo al gimnasio, y también para la Obra de Dios. Soltero o casado, ese hombre solo tiene un problema que aún él mismo no notó: está olvidando a su familia.

Según el conferencista, Renato Cardoso, esa situación es más común de lo que se imagina. “A veces, mientras usted está luchando sus guerras externas, el enemigo viene por detrás y ataca a su familia. Eso quiere decir que nosotros no podemos descuidar a nuestra familia. Yo sé que las luchas externas son grandes y la mayoría de nosotros pasa más tiempo despierto, fuera de casa, pero eso no es excusa para que piense así”, afirma.

De acuerdo con Renato, en la mente del hombre el pensamiento es que la familia siempre estará allí, a su disposición. “Mi esposa está allí y siempre va a estar, mis hijos están allí, siempre van a estar y todos van a entender que yo estoy trabajando, que yo estoy teniendo una lucha y me van a apoyar. Pues sí, en teoría puede ser así, pero, en la práctica, cuando usted deja mucho que desear en su casa, cuando descuida a sus hijos o a su esposa, el mal puede aprovechar esa brecha que está dejando”, explica.

Algunos pueden decir, inclusive, que ese hombre está haciendo todo bien. La familia no tiene más que apoyar su conducta. Ahora llegamos al punto: tal vez ese hombre se está dedicando más al trabajo, a los estudios e incluso a la Obra de Dios que a la familia. Y eso no es bueno.

Si usted aún no lo sabe, priorizar a Dios es diferente de hacer la Obra. Para que quede más claro, en una escala de prioridades, debemos colocar a Dios en primer lugar, debajo de Él va la familia y después la Obra.

¿Y sabe por qué usted debe priorizar a la familia después de Dios? Porque es la que está cerca en los momentos más difíciles, por más que, en algunas situaciones, haya conflictos. Dios y la familia son la base. Y, cuando hablamos de la familia, nos referimos a los padres, hermanos y también a la esposa (si el hombre es casado), que siempre están cerca para darle soporte a ese hombre batallador.

Si usted no forma parte de una familia o no posee una, es necesario estar atento cuando constituya la suya. Pero recuerde: tener una no es suficiente para mantenerla. Es necesario cuidarla: tomarse un tiempo para pasarlo con sus padres, con sus hijos, con sus hermanos o con su esposa. Solo que esos momentos necesitan tener calidad, participación y entrega.

No sirve estar en casa con la mujer y los hijos y estar frente al televisor viendo películas o pasársela jugando videojuegos, sin conversar y sin interactuar con la familia. Algún problema surgirá de ahí. Y puede ser muy serio. La interacción familiar es como el cemento que mantiene los ladrillos de una casa para que no se caiga: esta va a mantener a su familia unida.

Si el hombre deja de interactuar con sus padres, hermanos, hijos y esposa, está destinado al fracaso. Si usted está actuando así, cambie su conducta. Haga algo con su familia. Coma o cene con sus familiares. Pase un fin de semana o una tarde con su esposa. Vean juntos una película. Apague el celular para poder conversar sin ser interrumpido. Hay tantas cosas que no cuestan dinero ni mucho tiempo y que terminamos despreciando. Piense sobre eso —y actúe— antes de que sea tarde.

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