Usted, hijo de Abraham

Usted, hijo de Abraham

Por Departamento Web

Abraham: Un hombre simple fue ejemplo de lo que significa la verdadera fe

Con certeza usted ya escuchó que Abraham es nuestro “padre de la fe” (Gálatas 3:6-7), ¿pero sabe qué significa eso?

Padre, al principio, es aquel que, con la esposa, engendra hijos. Dios, en contacto directo con Abraham, le dijo que su descendencia sería innumerable como las estrellas. Y así fue, pues los descendientes de aquel señor del libro de Génesis a partir de Isaac, su hijo prometido por Dios, hoy se extienden en toda la Tierra.

Pero, ser un padre no solo se resume en engendrar vida. También significa dejar un legado, es decir, transmitirles a las siguientes generaciones lo que las anteriores le transmitieron. En el caso de Abraham, el propio Dios lo dejó actuar para que sus hijos y todos nosotros entendiéramos qué significa estar bajo el verdadero señorío del Altísimo. Pero vale la pena destacar lo siguiente: al patriarca se le enseñó lo que es la fe y no lo que es la religiosidad.

Obediencia, no duda

También vemos en Génesis que Abraham recibió de Dios la orden de dejar su parentela y partir. El Altísimo no dijo exactamente hacia donde, solamente dijo que saliera. Como era fiel, el patriarca se fue. No cuestionó la orden dando excusas o dudando por ser viejo, por tener que transportar todos sus bienes (principalmente los rebaños) ni por el hecho de que el destino fuera incierto. Solo obedeció y se fue, pues tenía la certeza de su confianza en el Señor.

“Abraham, desde el inicio de su caminata de la fe, mostró su creencia por medio de la obediencia (a través de la renuncia, dependencia, confianza y sacrificio). Pero ¿acaso los que se dicen creyentes en los días actuales viven esa misma obediencia, renunciando y poniéndose en la dependencia de Dios, confiando en Sus Promesas y sacrificando su yo, sus voluntades y sus costumbres?”, pregunta el obispo André Cajeu en el blog del obispo Edir Macedo.

Actualmente, ¿quién tendría la disposición, para seguir semejante orden? ¿Alguien tomaría un rumbo lejano, sin saber a dónde iría, qué tipo de personas encontraría en el camino o qué peligros enfrentaría? ¿Quién seguiría esa orientación, deshaciéndose de todos sus bienes, llevando consigo todo lo que pudiera y a la propia familia? Como la intención de Dios era grande, entonces, el sacrificio de Abraham tampoco podía ser pequeño.

Así pues, quien es meramente religioso, solamente sigue tradiciones o quiere sentirse creyente, considerando que eso es suficiente para ser hijo de Dios y recibir sus bendiciones, con certeza, tendría dificultades para seguir tal orden. “Actualmente, muchas personas distorsionan la idea de creencia, que es de donde viene la palabra creyente. Abraham no vivía en una tradición religiosa ni mucho menos preso a las costumbres de su época, él creyó y obedeció sin cuestionar”.

Libre albedrío

¿A qué se debe eso? Dios les da a todos el libre albedrío. Él no obligó a Abraham para dejar a su parentela. Solo ordenó, pero el anciano bien podría desobedecer y, así, quedarse sin lo que Dios planeaba darle. Como obedeció sin cuestionar, actuó, justo en la práctica, y no en teoría, con la verdadera fe.

El corazón podría atrapar al patriarca en su tierra, en donde estaba establecido, a la que estaba acostumbrado y en la cual conocía a todo el mundo, sin embargo, él siguió. Él era fiel a Dios y deseaba entender cómo actuaría Él. “El creyente Abraham razonaba. Cuando cuestionó su condición hablando con su Señor que no tenía un heredero, él usaba la cabeza y no las emociones”, señala el obispo André.

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De fe en fe

Abraham enfrentó a las personas que querían lo que era suyo y permaneció a salvo. Recibió la visita de unos ángeles y los trató bien, sin saber quiénes eran ellos en realidad —prueba de respeto con el prójimo, de honra sin intereses y segundas intenciones. Tuvo un hijo con Sara, aunque la pareja era de edad avanzada, pero su fe era probada todo el tiempo. Llegó un momento en el que Dios le pidió la mayor de todas sus bendiciones: que sacrificara en un Altar a su hijo Isaac.

La vida de quien cree de verdad no se resume en las conquistas. Después de la bendición, muchos olvidan al que bendice. Abraham tuvo que entender que la fe es un ejercicio constante para el espíritu y el alma. No es suficiente recibir algo de Dios y forzar su vida en esto, tiene que tener el enfoque en el propio Altísimo todo el tiempo. Nuevamente, aquel hombre se lanzó en ese salto que Dios le ordenó. En su confianza, sabía que Él tenía la solución.

Como se dice hoy en día: “pagó para ver” y vio. Cuando ya iba a asestar el golpe del cuchillo que mataría a Isaac, un ángel lo detuvo. Dios le mandó un cordero para ser inmolado y el joven sobrevivió. La prueba de fe no fue para Dios, sino para que Abraham entendiera la importancia de mantener su enfoque en Él.

“Abraham no huía del sacrificio desde el principio al fin de su caminata. Él sabía que era de fe en fe que se conquistaba lo prometido por el Todopoderoso y, por eso, no se apegó a tierras, parentela, o a su hijo cuando el Señor lo pidió”, señala el obispo André.

La prueba de fracaso

El obispo André aclara algo que, aun después de miles de años, actualmente todo tiene que ver con nuestras vidas y con nuestra relación con Dios: “por las razones anteriores y otras más, Abraham no era fracasado en la familia, en la salud, en las finanzas y, sobre todo, en su vida espiritual. Esa es la vida del verdadero creyente. Si usted no tiene esa vida, reconsidere su creencia”.

El obispo André concluye con una sugerencia: “¿Quiere cambiar su vida? Entonces este es el tip: ‘Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué’” (Isaías 51:2).

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