La fe y la disposición de dos ciegos para ser curados

La fe y la disposición de dos ciegos para ser curados

Por Departamento Web

La Biblia muestra la historia de dos ciegos, pero su fe no era la misma

En el libro de Marcos, capítulo 10, entre los versículos 46 y 52, nosotros vemos una historia sobre el uso de la fe.

El ciego de Jericó

Mientras el Señor Jesús caminaba con sus discípulos entre la multitud, un ciego llamado Bartimeo estaba sentado a orillas del camino.

Entonces, cuando Bartimeo notó que era Cristo quien estaba allí, empezó a llamarlo y, al no haber respuestas, gritó: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10:47).

En este ínterin, muchos mandaban que se callara, pidiéndole que no incomodara al maestro. Pero el ciego no se intimidaba y gritaba más alto.

Esa actitud de Bartimeo fue una clara demostración de fe. Al punto de que él logró llamar la atención del Señor Jesús y logró su milagro inmediatamente. Él fue curado.

El ciego de Betsaida

La historia de Bartimeo contrasta con la historia de otro ciego, el de Betsaida (Marcos 8:22-26).

Al contrario del ciego de Jericó, el ciego de Betsaida llegó hasta el Maestro traído por sus amigos. No hay registro de que él haya manifestado la propia fe para ser curado. Él contó con la solidaridad de otras personas que lo llevaron hasta el Maestro para que fuera curado. Tal vez, como muchos, estaba conformado con la situación de la dependencia ajena.

Los milagros solo suceden cuando hay fe práctica, pero Betsaida era famosa por la incredulidad de sus ciudadanos.

En Mateo, capítulo 11, del versículo 20 al 22, el Señor Jesús dijo: “Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.”

Esa característica es representada por el propio ciego. Porque, el Señor Jesús le cuestiona, en seguida, si veía tras Su intervención directa. El hombre respondió que continuaba con la visión borrosa. Debido a su fe inoperante, Cristo tuvo que tocarlo nuevamente.

“Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos” (Marcos 8:23-25).

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