Los tres días más importantes para la humanidad

Los tres días más importantes para la humanidad

Por Redacción Periódico

Hemos dado inicio a la Semana Santa, que es la semana más importante en la historia, pero ¿te has puesto a pensar sobre el verdadero significado de ella en nuestra vida?

Hace aproximadamente 3 500 años, Dios instituyó la Pascua en Egipto para marcar la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud. En aquella época, Dios habló con los hebreos, por medio de Moisés, que todas las familias deberían sacrificar un cordero y pasar su sangre en las puertas de su casa para que sus hijos primogénitos fueran librados de la muerte por el “ángel destructor” (Éxodo 12).

Tiempo después, Dios envió a Su Hijo, el Señor Jesús, para ser ese Cordero. Su plan era salvar a todo Su pueblo de sus transgresiones y pecados, desde el tiempo que Adán y Eva escucharon la voz del diablo en el Jardín el Edén. Jesús vino al mundo, entonces, para volverse la Única Vía, la Puerta para la Salvación y la vida eterna.

Cuando Jesucristo murió en la Cruz, en el Monte Calvario, llevó toda clase de males, entre ellos enfermedades y vicios, así como por el perdón de nuestros pecados en favor de quienes crean en Él. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

El hecho de que Él haya sido crucificado, muerto y resucitado, nos da la oportunidad de encontrar el perdón y de tener una vida preparada por Dios. Entonces, entendemos que Jesús no vino al mundo para juzgar o condenar a las personas, sino para concederles una oportunidad para arrepentirse de sus errores para que lleguen al Reino de los Cielos.

Gracias a Su entrega, hoy en día, la Semana Santa promueve la liberación total de nuestras vidas. Eso quiere decir que nadie necesita vivir prisionero del sufrimiento del pasado. Dios quiere que aceptes cada gota derramada por Él, decidas seguirlo de todo tu corazón y con toda tu fuerza para, a cambio, darte Su perdón y un sinfín de alegrías.

Por eso en esta Semana Santa el Viernes Santo, tendrás la oportunidad de pasar por el Santuario, con base en Hebreos 10:19-20: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne…” y recibir el pan en forma de cruz.

El sábado participaremos en el ayuno y el Domingo en la Santa Cena de la Resurrección. En todos los Centros de Ayuda Universal, estaremos conmemorando esta semana de bendición, principalmente en nuestra sede nacional ubicada en Av. Revolución núm. 253, Col. Tacubaya.

¡Será un placer recibirte junto con tu familia!

«Mi esposo fue desahuciado y yo estaba llena de enfermedades»

“Queriendo ayudar a alguien que le estaba yendo mal, acudimos a casas de limpias. No obstante, las visitas fueron más constantes y, más allá de encontrar beneficios, nos perjudicó demasiado: yo escuchaba ruidos extraños en mi casa y mis familiares presenciaban apariciones. Seguí yendo a esos lugares porque pensé que nos podían ayudar a contrarrestar eso…

También, tuvimos pérdidas materiales: nuestro departamento, que está en la planta baja, se inundó y nos tuvimos que ir a vivir, durante seis meses, a un lugar que mi madre estaba fincando para mi hermano. Por si fuera poco, discutía a cada rato con mi esposo; incluso, él estaba muy mal de salud y le dieron tres meses de vida. Yo también estaba enferma: tenía migraña, depresión, un tumor cancerígeno en el seno derecho, miomas en la matriz, quistes en los ovarios y necesitaba una cirugía en la columna debido a un accidente automovilístico.

Justo en esos momentos, mi esposo supo del Centro de Ayuda Universal por la invitación de un cliente, le obsequió un periódico y no fue. A la siguiente semana, volvió a ver a esa persona, recibió otro periódico y le reiteró la invitación, pero tampoco fue. En esos días, encontré los periódicos y en uno de ellos, leí una historia semejante a la mía, así que le pedí a mi marido que fuéramos.

Desde el primer día que asistimos, comenzamos a hacer nuestras cadenas de oración y los cambios aparecieron. Primero, obtuvimos paz. Con obediencia y perseverancia, ambos fuimos recuperando la salud hasta el punto que sanamos completamente; además, ya no tenemos tormentos espirituales y nos levantamos económicamente: recuperamos nuestro departamento y no nos falta nada.

Nuestro matrimonio también está de maravilla. Dios está con nosotros”, Norma A. Martínez.

Sigue leyendo: Semana Santa: del 19 al 21 de abril

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