Perdone o pague el precio

Perdone o pague el precio

Por Departamento Web

Comprenda lo que Jesús nos quiso enseñar con la parábola de los dos deudores

Durante Su ministerio terrenal, el Señor Jesús nos dejó lecciones muy valiosas sobre el amor, la compasión y, especialmente, sobre el perdón.

Al contrario de los escribas y fariseos —religiosos de la época—, que siempre estaban listos para acusar y condenar a los pecadores (como si ellos tampoco lo fueran), Jesús siempre estaba dispuesto a compadecerse y perdonar a los que venían hasta Él, arrepentidos y en busca de un milagro.

Así fue con la mujer adúltera. Mientras todos a su alrededor estaban decididos a apedrearla hasta la muerte, Jesús la miraba con compasión y, para sorpresa de todos, no la condenó. En lugar de eso, ordenó que el que no tuviera pecado, entonces, que tirara la primera piedra.

Dios no tiene placer en el castigo

Obviamente, allí todos tenían la plena convicción de que eran pecadores y, por eso, acusados por la propia conciencia, se retiraron. Contradictoriamente, Jesús, el Único que tenía autoridad para condenar a aquella mujer, también era el Único que estaba dispuesto a perdonarla.

Ese es el carácter de Dios. Él no tiene placer en el castigo, sino en el perdón, siempre y cuando encuentre un corazón arrepentido. No importa lo que hayamos hecho. Pues lo que Él toma en consideración es si estamos arrepentidos y lo que haremos de ahí en adelante.

Esto se vuelve muy evidente en la parábola de los dos deudores, que Jesús le cuenta a los discípulos —al ser cuestionado por Pedro— cuántas veces se debe perdonar a alguien.

El acreedor sin compasión

La parábola habla de un rey que, al hacer cuentas con sus siervos, se topó con uno que le debía 10 mil talentos (o trescientos cincuenta toneladas de plata u oro), una cantidad impagable para aquel hombre. Entonces, para no quedar en el perjuicio, el rey determinó que el siervo, su familia y todos los bienes que poseían fueran vendidos para que la deuda fuera saldada.

En un acto de desesperación, el siervo se postró ante el rey e imploró misericordia. El rey, entonces, impulsado por la compasión, decidió liberarlo y perdonar la deuda.

Sin embargo, al salir de la presencia del rey, ese siervo, tras encontrar a uno de sus consiervos, que le debía 100 denarios (100 días de trabajo), exigió el pago de la deuda. Pero, aunque era una cantidad baja, aquel consiervo también no tenía condiciones de encargarse de la cantidad debida y, por eso, suplicó compasión.

El perdón de Dios es incondicional

Aun logrando misericordia delante del rey, el siervo no fue capaz de usar la misma misericordia para perdonar la deuda del consiervo, que no se comparaba a la de él. En lugar de eso, lo echó a la prisión.

Al saber de la actitud del siervo, el rey, indignado, lo entregó a manos de los verdugos para que fuera hostigado hasta que pagara toda su deuda.

En la parábola, el rey representa a Dios. El siervo somos nosotros. El consiervo es nuestro semejante.

Con esta historia, Jesús nos muestra que el perdón de Dios no es incondicional. Si queremos ser perdonados por Él, también debemos perdonar a nuestro semejante.

Haciendo una analogía con el campo espiritual, nuestros pecados son como esa deuda impagable. Sin embargo, cuando nos postramos ante Dios, con un corazón sinceramente arrepentido, Él, en su infinita misericordia, nos perdona y nos da una oportunidad para tener una nueva vida.

Por lo tanto, si Dios que es Todopoderoso, en Quien no hay falla de carácter, nos perdona, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar a nuestro semejante?

El destino de quien no perdona

Con relación a esta parábola, el obispo Edir Macedo señaló: “En lugar de tener compasión, así como el rey la tuvo de él, el siervo fue severo con el hombre que solo le pedía un plazo para saldar su deuda. Eso muestra que los hombres son egoístas. Quieren recibir sin dar, y cosechar sin sembrar. No obstante, el perdón tiene que ser sincero. Esto significa que no sirve que alguien perdone con palabras si su corazón está cerrado al perdón. El destino de quien no perdona es tormento eterno”.

Para aprender más sobre las enseñanzas del Señor Jesús, participe en nuestras reuniones todos los miércoles y domingos. En la Ciudad de México se encuentra el Santuario de la Fe, en Av. Revolución núm. 253, Col. Tacubaya. Para encontrar el Centro de Ayuda Universal más cercano a su domicilio, puede buscar en la lista de direcciones.

comentarios

[fbcomments url="https://universal.org.mx/2019/03/14/perdone-o-pague-el-precio/" width="100%" count="off" num="3" countmsg="wonderful comments!"]

Free WordPress Themes, Free Android Games