Un arma que no falla

Un arma que no falla

Por Redacción Periódico

Usando la fe al tocar el Manto he visto grandes resultados, si bien en el pasado me la pasaba llorando y todo el tiempo estaba triste, ahora soy otra: veo las cosas de forma positiva, ya no me da miedo todo y dejé de escuchar voces. ¡Me siento muy segura!”, comentó Guadalupe, una de las tantas personas que, luego de asistir sin falta todos los viernes a la Sesión de Descarga para tocar el Manto, ha notado un cambio positivo.

Miles vencieron la voz y los pensamientos que los incitaba a suicidarse, matar su autoestima y dañar a las personas. Pero ¿por qué ahora son libres de ese tipo de tormentos? La respuesta es sencilla y la Biblia nos lo revela: la fe. Esa sencilla palabra es el arma espiritual que Dios nos da para alcanzar el nivel de vida que deseamos, pues aunque no vemos a los espíritus malignos, estos tienen la misión de destruir y desgraciar la vida de las personas. No obstante, con el correcto uso de la fe, los podemos vencer.

¿Quieres aprender a usarla? Entonces, te esperamos en la Universal más cercana a tu domicilio. “La mujer había oído hablar de Jesús, y pensaba: ‘Si tan solo pudiera tocar su manto, quedaría sana.’ Por eso, cuando la mujer vio a Jesús, se abrió paso entre la gente, se le acercó por detrás y le tocó el manto” (Marcos 5:27-28).

“Hice un ritual para que me fuera bien, pero pasó todo lo contrario”

“Desde niña, tuve problemas espirituales: además de los inexplicables accidentes que nos ocurrían a mi familia y a mí, veía bultos, sentía frío un frío inexplicable, parecía que siempre estaba en oscuridad como si alguien me vigilara o me dominara. Nadie nos creía, quizá porque éramos niños, la única que nos hizo caso fue una bruja quien, por medio de un ritual, nos involucró en el mundo del ocultismo y la brujería.

Creí que saldría adelante y me sentiría bien, pero en lugar de ver cambios, la situación empeoró, incluyendo mi salud porque aparentemente me detectaron principios de leucemia que, de no tratarse debidamente, terminaría en cáncer. Solo que después de un tiempo, no encontraban la razón de mis males. La oscuridad no se apartaba de mí, ni casándome mejoré. Aun así, fui con un santero que me dejó peor de lo que me encontraba: al pensar que mi situación era normal, intenté suicidarme y lo hubiera logrado si no es porque conocí la Universal.

Vivía en tinieblas y aquí conocí la luz. En este lugar, encontré personas cálidas y desde el primer día salí maravillada. Los 13 años que llevo aquí no se comparan con el pasado, mis enfermedades, mis miedos, los tormentos espirituales… ¡todo se acabó! El Único camino para salir adelante es Dios y yo lo encontré”, Dulce Bribiesca.

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