Cabeza o corazón, ¿quién ha dirigido tu vida?

Cabeza o corazón, ¿quién ha dirigido tu vida?

Por Social Media

En un carro, normalmente quien decide la ruta es el conductor; si vas de tripulante y quieres irte por otra ruta, las probabilidades de que tomen en cuenta tu opinión son pocas. Lo mismo sucede con las decisiones que tomamos en la vida. Aunque hay dos opciones para elegir, cabeza o corazón, las personas siempre le hacen caso a la trillada frase: “escucha a tu corazón”.

Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que el corazón es traicionero y perverso (lee Jeremías 17:9-10), ya que no piensa en las consecuencias de sus actos y convence a su víctima de las mentiras como si fueran verdades.

En la vida amorosa, hace que creas en ideas, como: “tu pareja va a cambiar después de casados”, “te miente, te engaña y no te valora, pero quédate con él/ella”, “quizá sea tu último tren, aprovéchalo (a)”, “seguro te está engañando”.

Y así, por hacerle caso a este lobo disfrazado de oveja, la lista tanto de hombres como mujeres frustrados y amargados crece cada vez más.

No pasa así con la cabeza, el cerebro analiza la situación, ve a futuro, no es sentimental y al ser razón, piensa en los pros y contras de lo que sus decisiones implican.

La única forma de acabar con el sentimiento es usando la fe inteligente y todos los jueves en la Terapia del Amor te enseñamos a ejercitarla. ¡Acompáñanos!

 

 

¿Tener la razón o resolver el problema?

 

Las peleas por el dinero son comunes en los matrimonios, pues mientras uno quiere comprar casa, el otro quiere un auto, uno quiere muebles y el otro ayudar a su mamá. Entonces, ¿cómo entenderse sin armar un lío?

Primero: organiza el dinero, es decir, junten sus sueldos y establezcan prioridades sin pelear.

Segundo: escucha, hay una hora de hablar y otra de ceder, si no lo haces nunca habrá un acuerdo.

Por último, respeta su opinión, recuerda que son dos cabezas que piensan diferente.

No dejen que algo se interponga entre ustedes.

 

 

Su matrimonio refleja el amor de Dios

 

Martha González

Viví 30 años en unión libre con el que hoy es mi esposo, pero cada quien hacía su vida por su lado.

Los problemas financieros y de salud no faltaron. Enfadada y malhumorada, me encerraba en mi habitación mientras me consumía en la depresión y, al no recibir la atención que quería, lo golpeaba. Sabía que me faltaba la bendición de Dios.

En el momento que decidimos venir a la Terapia del Amor y nos casamos fue como si mi esposo hubiera sido transformado, descubrí que era un hombre tierno y cariñoso. Lo valoré al valorarme a mí misma.

Hoy mi vida es diferente, todo cambió y es una bendición”.

 

 

Luego de dos matrimonios fracasados, logré ser feliz

 

Gonzalo

Mi forma de ser, machista y autoritario, me hicieron sufrir 30 años en el amor.

Al ver a mi papá serle infiel a mi mamá innumerables veces, crecí creyendo que su conducta era normal, pero ni aun teniendo muchas mujeres, era feliz.

Mi carácter explosivo no ayudaba y en todos lados tenía problemas.

Así, sufriendo, llegué a la Terapia del Amor donde, con el tiempo, me di cuenta que estaba curado. Ya no veía a las mujeres como objetos sino con respeto.

Mi emotividad se fue. Cambié totalmente desde el interior y se nota en mi exterior. Solo el poder de la fe logró esa transformación”.

 

 

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