¿Educar o controlar?

¿Educar o controlar?

Por Social Media

Proteger a los hijos de situaciones peligrosas es una actitud normal de padres y madres. Cada etapa de la vida exige un tipo de protección. Cuando un bebé nace, por ejemplo, es totalmente dependiente de los cuidados. Gradualmente, el niño va descubriendo el mundo y ganando autonomía.

Sin embargo, muchos padres tienen dificultades para saber cuándo es el momento para dejar que los hijos tomen sus propias decisiones. Sin conocer los límites, ellos intentan controlar todos pasos de los hijos. Algunos padres y madres van aún más lejos: mantienen la actitud controladora incluso cuando los hijos ya son adultos. El comportamiento llega a ser nocivo, pues impide que los hijos hagan elecciones.

Problemas

El exceso de protección puede provocar daños en el desarrollo de los hijos, alerta Salma Cortez, psicóloga y miembro de la Sociedad Brasileira de Dor Orofacial. “Decidir en lugar de los hijos no es adecuado, pues lo padres terminan impactando en la disminución de la autoestima y contribuyendo para una presión muy grande, lo que incluso aumenta las probabilidad de somatización de enfermedades en los hijos”, dijo.

Luciano Gomes dos Santos, profesor de psicologia social y antropologia de la Facultad Arnaldo, en Belo Horizonte (MG), explica que la sobreprotección puede arruinar la relación del niño con otras personas. “La sobreprotección destruye la posibilidad de construir en el niño autonomía y la capacidad de interactuar con la sociedad. Esto puede provocar en los niños trastornos, estrés, depresión”, detalla.

Motivos

¿Qué hace que los padres actúen de forma sobreprotectora? Según Salma Cortez, algunos motivos posibles son la inseguridad y la repetición de patrones. “Probablemente, estos padres también tuvieron padres opresores y pueden estar repitiendo modelos de autoridad”.

La psicóloga, escritora y conferencista Lidiane Silva agrega que el exceso de protección puede indicar el acumulamiento de problemas mal resueltos. “Algunos padres, principalmente las madres, intentan sobreproteger a sus hijos para evitar que ellos tengan las mismas frustraciones que enfrentaron. Los padres sobreprotectores pueden ser ansiosos, inseguros, cargar rencores del pasado y problemas en el propio matrimonio”, afirma.

¿Qué hacer?

Los psicólogos destacan que los padres deben estimular la independencia de los hijos desde la infancia. Pero eso no significa permitir que los niños sean libres de hacer lo que quieran. La autonomía tiene que enseñarse poco a poco. “El límite más importante es observar el riesgo que el hijo está corriendo contra el crecimiento y el aprendizaje que puede traer una situación. Los hijos necesitan lidiar con algunos desafíos para descubrir los propios potenciales, pero los padres deben examinar las situaciones adecuadas para cada edad”, indica Salma.

Otra sugerencia es medir el cuidado de los hijos con otras actividades, sugiere Lidiane Silva. “Los padres necesitan volver a reelaborar su propio mundo, hacer actividades físicas, tener un momento para leer, separar un tiempo para cuidar del matrimonio, pasear”.

Si la sobreprotección persistió durante mucho tiempo, esta puede tener consecuencias en la fase adulta de los hijos. “Los hijos se sienten sofocados y después tienen dificultades para elegir una carrera, buscar un empleo. Algunos se vuelven muy dependientes”, destaca Luciano Gomes dos Santos.

Aprender a conversar

Eliane Cubas da Cunha, de 38 años, admite que ya fue sobreprotectora con su hija Natália de 22 años (foto abajo). “Yo la crie como si fuera una princesa y quería que las cosas fueran a mi manera, a mí no me importaba lo que ella pensaba. Cuando ella cumplió 15 años, vino la rebeldía, ella quería salir, irse a lugares diferentes”, recuerda. Eliane cuenta que usó la fuerza para controlar a su hija. “En la desesperación, yo le prohibía salir, la encerraba en su cuarto, llegué a agredirla. Nada funcionaba”.

La relación entre las dos solo empezó a cambiar cuando Eliana buscó ayuda en la reunión de Padres e Hijos, en la Universal. “Antes, creía que solo ella tenía que cambiar, pero descubrí que yo necesitaba cambiar mis actitudes”. En vez de gritos y exigencias, Eliane empezó a conversar con su hija. “Empecé a tratarla bien. Aprendí a oír, a tener paciencia y dialogar”. Poco a poco, las dos se fueron acercando. “Hoy, somos amigas. Cuando ella pide un consejo, se lo doy, pero ella toma sus propias decisiones, y no le impongo nada”, finalizó.

El obispo Francisco Decothé (foto arriba), responsable de las reuniones de Padres e Hijos, que se llevan a cabo los domingos en el Templo de Salomón, recalca que todo en exceso es perjudicial. “Enseñarle a los hijos el camino de la vida es muy importante, a final de cuentas, el padre y la madre tienen experiencia. Pero ellos deben hacer eso sin transformarse en personas controladoras”, afirma.

Él explica que los padres necesitan equilibrar la intervención de la vida de los hijos adultos. “El hijo es hijo aun después de estar casado o con barba, pues el padre y la madre siempre quieren darle sus consejos. Pero, tienen que entender que los hijos crecieron. Si el hijo pide una opinión o consejo, los padres deben ayudar con sabiduría. Si se da la oportunidad de ayudar, aproveche. De lo contrario, lo mejor es orar y confiar en Dios”, finaliza.

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